Skolas está muerto.
Variks, sentado, talla su amatista. Los brazos que le quedan son débiles, imprecisos, pero siente gusto notando la presión del cristal en la palma de su mano. Se le resbala el cuchillo. Se corta. «¡Ay!», dice y, por supuesto, en ese momento se abre la puerta, Variks no tiene privacidad, Variks no quiere privacidad, Variks vive para servir a la Reina.
Es Petra Venj. Lleva una máscara para protegerse del aire con éter. «El Príncipe quiere hablar», dice y, entonces, viéndolo sin máscara y sangrando, se ríe. Petra depende de Variks para asuntos de inteligencia y Variks, frustrado por su bravuconería y su desmedida forma de asumir riesgos, a veces le da pistas que pueden llevar a Petra a la muerte. Petra lo sabe. Petra y Variks se conocen bien y saben cuáles son las fortalezas de cada uno, y de qué pie cojean. Para Variks, eso es lo más cerca que se puede estar de alguien. Petra es lista: envía guardianes ahora, gente que puede morir tanto como quiera.
«Se te ha resbalado el cuchillo», dice.
Variks sostiene la gema en su mano sangrante. Es una gema del Arrecife. «Me he herido», dice, «para hacerla más hermosa».
Ella mira la gema con los ojos distantes de un insomne. ¿Qué es lo que ve? Variks sabe que tiene visiones y también sabe que esas visiones la obsesionan. Los insomnes están de alguna manera ligados a los poderes que Variks más teme. Se cortaría los brazos a sí mismo antes de volver a estar cerca de las brujas de la Reina, las brujas que criaron a Petra.
La injusticia le da ganas de gritar. ¿Por qué todos cuentan con apoyo? ¿Por qué la colmena tiene dioses y los vex mentes que desafían al tiempo y los cabal tienen refuerzos? ¿Por qué los insomnes susurran a las estrellas y escuchan susurros en respuesta, las voces de los jovianos, la canción en la oscuridad? ¿Por qué los guardianes cuentan con el apoyo de la gran máquina?, ¿fue así antes del Tornado, hubo héroes caídos agraciados con Espectros, que les acompañaron a la batalla sin miedo y llenos de Luz? ¿Por qué cuentan historias acerca de reclamar la gloria perdida de la humanidad y no cuentan historias sobre la gloria perdida del pueblo de Variks, y de la Casa del Juicio que en su tiempo mantuvo firme su código de honor y sus leyes?
¿Por qué no pueden los caídos tener esa fortaleza? No, claro que no. Los caídos no la merecen, Variks no. Solo es un pragmático y triste ser sangrante. Solo fortaleza de escoria. Aguantando.
La alternativa es la Fortaleza de Skolas, luchando juntos, embravecidos contra la extinción. Mira lo que le ha pasado a las especies. El primario de la Casa de los Demonios está muerto. Los líderes de la Casa del Invierno, destrozados. Los pobres exiliados intentando escapar y protegerse de la colmena. En los últimos años los caídos lo han perdido casi todo, y todo les está repercutiendo. Hay dioses y poderes juntándose en este sistema, viejas máquinas despertándose, huesos viejos susurrando cumplidos. Necesitan un cambio.
«Ponte tu máscara», dice Petra. «Al Príncipe no le gusta esperar».
«No como a nosotros», dice Variks, tan comedido. La herida de su mano ya se curará. Su trabajo en el Presidio de los Ancianos, preparando una prueba por cada combate, creando una gran audiencia y buenas relaciones con los carroñeros y las armerías del Arrecife, le llevarán a acercarse un poco más a su deseo de reconstruir la Casa del Juicio. La furia de Skolas se desvanece. Los caídos aun así pueden aceptar un mando pacífico y justo. Puede que sobrevivan. Aguantarán. «Somos muy pacientes, ¿o no?»
Petra lo observa con pena, desdén y una extraña sensación de cariño.
Se pone su máscara.