Fin del Crepúsculo
Podía sentir que su luz se apagaba. La puso toda en una última esperanza.
Se tambaleó y... ¡bam!
Acertó en el blanco y el disparo impactó justo sobre los ojos del kell. El éter gritó desde su cabeza y juntos cayeron al suelo.
El guardián exo se alzó, titubeante. No podía quitar los ojos del cuerpo del kell. Nunca había visto a ningún caído sobrevivir a un disparo en la cabeza, pero este no era un caído ordinario. Esperó... y esperó.
"¿Espectro?". Las palabras apenas eran audibles. Lo escuchó entrar en acción, pero le costaba localizarlo. Zumbaba, examinando al kell caído.
"Pues sí, está muerto. Así que, ¿ya está? ¿Hemos terminado?".
Se quitó el yelmo, lo tiró al suelo y cayó de rodillas.
Los Demonios sin un kell. Por fin la guerra había terminado. Podían volver a casa.
"Así es. Ponme con el Orador".
"Abriendo su canal. Un momento".
"¿Eres tú, hijo mío?". En la voz del Orador se intuía más la anticipación por las noticias que la preocupación.
"Sí, padre. El kell de los Demonios Solkis... está muerto. Esta guerra ha terminado".
"Nunca antes tanto coraje y poder habían apuntalado estos mundos. Nos traes paz a todos, encenderemos la bengala final, Demonio Rojo. Todos sabrán lo que has hecho".
"Padre, creo que no me quedan fuerzas para volver. Descansaré aquí y ya me honrarán cuando regrese".
"Por supuesto, hijo mío, pero...".
"¿Hay algo más que te preocupa? ¿Más caídos que marchan hacia la Ciudad?".
"No, esta vez no. Me han dicho que vieron a Osiris en Mercurio. En la Cuenca Caloris. Ahora su atención ha vuelto a los vex".
"¿Mercurio? Demasiados canales para saberlo. Activa uno, empieza a alimentar sus venas. Es una amenaza para nuestra paz".
"Tu deber, hijo mío. Nunca debes olvidarlo".
"No puedo hacerlo".
El Espectro apagó la transmisión y esperó a las palabras del guardián.
"Espectro, prepara mi arsenal vex y pon rumbo a Mercurio. Ese anciano está a punto de despertar al infierno".