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XLIV: Estricta prueba eterna

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Versículo 5:2 - Estricta prueba eterna

"Tengo un regalo para ti", dice Oryx.

Savathûn, reina bruja, lo mira con recelo. "¿Es la lógica de la espada necesaria para entrar en las Profundidades y tomar tu poder por mí misma?".

Sus ecos se mueven entre las lunas de guerra, caminando juntos por el casco de una nave de guerra con dos mil años de antigüedad. La flota de Savathûn se ha congregado aquí para preparar un asalto contra el Mástil del Don. Las Profundidades se dirigen hacia allí, siguiendo el rastro de su presa, y la colmena será su vanguardia.

"Es un vex que he capturado. Quria, Transformada de Hoja. Intentó perforar mi trono. Pensé que te divertirías estudiándolo". Oryx hace una pausa para digerir; a través del vínculo de su saga puede sentir a Crota matando, a mundos de distancia, y el sabor es como de grasa suculenta. "Quria contiene un intento de los vex de simularme. Podría generar a otros; a ti, quizá, o a Xivu Arath. Le he dejado parte de su voluntad para que pueda sorprenderte".

"Supongo que explotará y me matará", refunfuña Savathûn. "O dejará que las máquinas lleguen a mi trono, donde empezarán a convertir todo en relojes y en cristal".

"Si te mata, es que mereces morir", dice Oryx con una emoción calmada y feliz, porque decir la verdad es bueno.

"Todavía no tengo una prueba estricta, ¿sabes?". Savathûn acaricia el vacío con una garra alargada y el espacio-tiempo gruñe bajo su toque. "Esto que creemos, que estamos liberando el universo al devorarlo, que estamos extirpando la podredumbre, que vamos a unirnos al estado definitivo... No he encontrado una prueba estricta y eterna. Podríamos estar equivocados".

Oryx la mira y, por un momento, solo un instante, se siente nostálgico y sentimental. Piensa: "Imagina los años que hemos dejado atrás, las cosas que hemos hecho. Y aun así, ser viejo no es como una cicatriz, ¿no? No me ha dejado insensible. Me siento vivo, junto a ti, y cada vez que vuelvo a este mundo desde mi trono, siento como si tuviera dos años otra vez, en el fondo del universo, mirando hacia arriba.

Pero dice: "Hermana, somos nosotros. La prueba somos nosotros, la colmena: si duramos eternamente, lo demostramos; y si algo más implacable nos conquista, la prueba está sellada".

Ella lo mira con ojos como agujas al rojo vivo. "Me gusta", dice. "Es elegante". Aunque, naturalmente, esto ya lo había pensado antes.