He muerto.
Vell está espectacularmente muerto. Omar y Sai también lo están. Eriana, la pobre Eriana, fue tan brillante al final, ¿verdad? Una luz valiente.
Pero Crota no se conmovió. Esa sombra está desconectada de su fuente. La luz la hace más oscura. Podía sentir su presencia y si todavía tuviera un Espectro, seguro que habría gritado.
Yo también estoy desconectada de mi fuente. La encantadora Ir Yût se presentó y fue un placer conocerla, un pequeño tête-à-Yût, una par de viejas magas intercambiando definiciones.
Me definí como amiga. Ella definió para mí la esencia de la muerte, y cantó la canción de esa temible autonomía. La revelación, amigos míos, es algo poderoso. La definición me mató. Morir me redefinió.
Esta es la forma y el sentido del diente: nada vive que no haya de morir.
Ahora vuelo entre soles verdinegros en el laberinto más allá del dios estrella de Crota. Este es el Supramundo, el Mar de los Gritos, donde los universos trono de la gran colmena supuran en eterna majestad. Me muevo entre ellos. Cartografío las formas y las conexiones de este mundo.
Quiero aparecer en la Torre y provocarlos. Mirad, mirad, yo nunca duermo, bailo en la luz y en la sombra, yo nunca duermo, nunca moriré. Quiero preguntarles: si vuestras leyes os trajeron hasta aquí, a este tembloroso y terrorífico lugar, ¿de qué sirvieron esas leyes?
Pero tengo trabajo que hacer. Dirijo mi grito a profundos lugares. ¡Osiris! llamo. ¡Osiris, Osiris! ¿Puedes oírme?
A veces creo que responde. A veces me pregunto qué pasó con Eris. Era muy tenaz.
Por primera vez, me siento sola.