Últimos registros conocidos de la estación lunar: Amanecer.
Los túneles eran de naturaleza geológica, o debían serlo. Eso es lo que pensábamos hasta doce horas después de emprender la segunda expedición sublunar, cuando encontramos los huesos. Una sola caja torácica enorme, del tamaño de un fuselaje de aeronave.
Las mismas criaturas vivientes, las encontramos a cientos de metros de profundidad. Podrían haber sido gusanos, si los gusanos tuvieran escamas y dientes y se movieran más rápido que cualquier hombre.
Jun murió primero. Luego, Luli. Muertes horribles. Muertes en las que no vale la pena pensar. Por eso no pienso en ellas mientras recorro estos túneles, perdido, a la espera de que se acabe el oxígeno.
¿Me dolerá?, me pregunto. Ese último sueño, cuando llegue. El sueño que no es sueño.
Pero entonces todas las cosas de la Luna tienen el nombre de lo que no es. ¿Lo has notado? El Mar de la Serenidad.El Océano de las Tormentas.El Mar de la Lluvia. Es muy apropiado.
Sin embargo, en los túneles encontramos cosas que eran exactamente lo que eran, y como tales las llamo desde entonces. Que se recuerden bien, si algún día se encuentra este registro.
El Círculo de Huesos.La Cámara de la Noche.
No se puede caminar entre estos oscuros túneles sin perder algo. Dicen que mirar hacia el océano hace que uno se sienta pequeño. Pero caminar en estas cavernas es sentir cómo se escurre entre los dedos toda comprensión de la realidad.
No se puede volver a ser como antes: un creyente de la ciencia y del racionalismo fundamental del universo. No después de ver estos gusanos.
Pero ahora, aquí al fondo, he dado con el otro lado de la pesadilla. Como despertar de un sueño para darse cuenta que todavía se duerme. Quizá me estoy quedando sin oxígeno. Sí, puedo sentirlo. La hipoxia ya está empezando. La cosa que hay ante mí es como yo: vivo a medias. Una placenta osificada. Un tumor pulsante.
Se acurruca en un cráter de sus propios desechos. Oscuro y dentado. Así que me sentaré aquí y me acostaré. Veo un portal y, en el interior, las mortecinas cáscaras de huevas de las que emergieron horrores todavía desconocidos.
Me alegro de no tener que verlo.