Noto cómo los nanobots zumban, empujan contra mi submente. Intentan robar fragmentos de memoria, pero no se lo permito.
No tienen voluntad, pero quieren existir.
La voluntad electrónica la ejerzo yo: presionando, moldeando. Imponiendo a la estasis un movimiento perpetuo. Entonces, se detienen. Pero sigo sintiéndolos.
Mis bodegas antes estaban llenas de herramientas, armas y materiales. Ahora almacenan posibilidad apenas contenida. Estos nanobots construirán nuevos mundos. Armas y ciudades y naves creadas por el pensamiento y la ciencia.
Temo que mi voluntad no sea lo suficientemente fuerte para moldear estos mundos. Solo el Tirano puede hacerlo, pero no formará parte de mi viaje. Incluso su alcance tiene límites, y estaremos a quince mil millones de kilómetros de distancia.
Susurro mis preocupaciones al Tirano en minúsculas ráfagas magnéticas. Él no escucha.
El Tirano dice que coja la SIVA, así que cojo la SIVA.
El Tirano dice que vaya a las estrellas, así que voy a las estrellas.