En el extremo oeste de un profundo valle, se alza un castillo con frágiles muros de piedra remendados con cristales y metal. La entrada al castillo es un puente levadizo flanqueado por dos torretas con sensores de movimientos. En el valle a continuación, apenas fuera del alcance de las torretas, yace una nave dorada y gris. El símbolo de los Señores de Hierro brilla con un resplandor de otro mundo en sus alas plegadas.
Los Señores de Hierro han venido para desafiar al señor de la guerra llamado Rience.
Dos Colibríes sobrevuelan el prado y avanzan hacia la nave. El imponente castillo ahora queda a sus espaldas.Perún y Radegast bajan de sus Colibríes.Se miran, asienten y parten sin decir palabra.
Perún caminó hacia la pasarela de la nave y se dirigió a la habitación de Jolder. Activó los controles de la puerta y entró.
"Ya casi estoy lista", dijo Jolder, adelantándose a Perún.
Jolder estaba de pie junto a un cofre lleno de armas y equipamiento. Miró a Perún y sonrió radiante mientras se ceñía la coraza dorada y blanca.
Las comisuras de los labios de Perún temblaron. "He venido a decirte que Rience ha accedido a tener un único combate. Pero veo que ya lo sabes".
Jolder sonrió. "Imaginé que accedería. Tus planes siempre funcionan".
Perún se inclinó en el marco de la puerta. "Saladino y Efrideet se han ofrecido para ser tu reemplazo".
"Hmm". Jolder sacó un par de guanteletes del cofre y se los puso. "A Saladino se le da muy bien mantener la calma bajo presión".
"Si necesitamos un reemplazo, es que estás muerta. Nadie podrá mantener la calma".
"Bien. Que sea Efrideet, entonces. Pelea mejor cuando está enfadada". Jolder ajustó las correas de sus guanteletes y apretó el puño. "¿Puedes sujetar esto?". Tendió un escudo a Perún, dorado y reflectante como un espejo.
Perún puso los ojos en blanco, pero sujetó el escudo frente a Jolder.
Jolder sacó del cofre un pequeño frasco de líquido negro y un diminuto cepillo. Luego, frente al escudo, empezó a trazar una línea negra en su ojo izquierdo. "¿A quién van a enviar?".
"A Melig".
"¿Estás segura de eso, o simplemente lo sabes?"
"Simplemente lo sé", respondió Perún. "Rience sospecha que te enviaremos a ti. ¿Cómo reaccionaría ante algo así? Él cree que cuanto más grande mejor. Así que Melig".
Jolder sonrió. "Dile a Rience que puede enviar a dos. Si no...", Jolder terminó de trazar la línea negra con un movimiento de la muñeca, dejando un trazo grueso junto a la esquina del ojo. "Habré usado mi maquillaje de guerra para nada".
Perún se rio de la ocurrencia, sin sonreír. "Estratégicamente, no es el mejor movimiento".
"Pero será más divertido".
Perún gruñó.
Jolder arqueó las cejas, su ojo derecho estaba a medio pintar, y miró a Perún por encima del escudo. "¿En qué piensas?".
Perún se pasó la mano por su melena corta. "No lo sé todavía. Parece... demasiado fácil. Si yo fuera Rience, estaría pensando en venenos, neurobloqueadores... Un hombre como él, sin nada que perder, podría hasta atacar a tu Espectro".
"Perún". Jolder cogió el escudo que sujetaba Perún y posó una mano en su hombro. Sus ojos brillaban entre las líneas negras de su maquillaje. "Soy yo".
Perún suspiró, luego puso su mano en la de Jolder. "Cierto".
Jolder se colgó el escudo en la espalda, cogió el yelmo bajo su brazo y levantó la enorme hacha de guerra sobre su hombro. Con toda la guarnición de batalla, parecía mucho más alta que Perún, su armadura blanca y dorada relucía bajo la luz ténue.
"Muy bien", sonrió Jolder. "Estoy lista".