Mirativo
Ya había tenido esta alucinación.
Lo cual, hablando de alucinaciones, no es positivo. La radio de Praedyth le habla, voces surgiendo del ruido estático. Le gustaría que al menos usara una voz familiar: la de Pahanin, la de Taeko o la de Kabr. A estas alturas, le valdría hasta la de Mir.
Ladea la cabeza hacia la radio. Su mejilla roza el granito. Duele un poco, como todo lo demás, amortiguado por el tiempo desmedido y la falta de Luz.
–Eso ya lo has dicho –le dice amablemente a la alucinación.
–Ah, ¿sí? ¿Cuándo? –grazna ella.
–La última vez –O la anterior. La cronología es un arte perdido en esta celda–. Alerta, los espeleólogos se ponen en contacto con la banda dos, dos, siete punto nueve, siete, no sé qué, no sé qué, el potencial del Colapso Aéreo…
Su voz se atenúa. Le duele hablar.
–¿Cómo? –La alucinación tiene una nueva voz, más nítida, de hombre. Parecida a la de Mir–. ¿Cuál es el número de la banda?
Praedyth vuelve a mirar el techo, vacío como siempre. Suspira. Ha identificado constelaciones en sus manchas: gatos, Espectros y un calamar o dos.
–¿Me recibes, seas quién seas? –La voz del principio ha vuelto–. Llamamos desde la banda dos, dos, siete punto uno, siete. Si te ha contactado otro grupo dos, dos, siete, tenemos que saberlo.
–Eso también lo habías dicho.
–¿El otro grupo ha utilizado esta frecuencia de radio? –interrumpe una tercera voz.
Así es. Praedyth no ha tenido fuerzas últimamente para jugar con la radio e intentar contactar de nuevo con el mundo exterior fuera de la celda. No ha tenido fuerzas para mucho más que contar inútiles intervalos de tiempo, a la espera de la próxima oportunidad para enviar un mensaje.
–Hemos probado esta frecuencia al menos una docena de veces durante el último mes. No ha funcionado hasta ahora.
¿Qué ha cambiado, entonces?
La pregunta lo despierta de su letargo.
Praedyth se sienta, lo recorre una sensación de náusea y repite la pregunta en voz alta.
Tal vez no sea una alucinación. Tal vez haya atravesado al fin las paredes de la Cámara de algún modo. Tal vez tenga una oportunidad.
–¿Hola? ¿Sigues ahí?
Solo recibe una onda de ruido estático. Fuera cual fuese la señal que había captado, ya no está.