The Grimoire Archive
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Irrealis

El Jardín despierta y la Mente Imperecedera despierta con él. Se levanta del túmulo que ha crecido a su alrededor y aparta las vides y el moho como si fueran sábanas. Los circuitos se inundan de energía, pasan el exceso al siguiente y flexionan sus enormes extremidades en secuencias de arranque. Los goblins escriben más circuitos y los sueldan a la Mente, preparándola para aprovechar el poder: no es ya un latido ocasional, sino un murmullo constante. Su fe se ha visto recompensada. En la Cámara, ciento ochenta y tres grupos de científicos de la Edad de Oro simulada flexionan sus propias extremidades, preparados para echar a correr. Praedyth, arrodillado frente a su radio, sacude las manos. Están agarrotadas. Él está agarrotado, mareado por el esfuerzo y por un montón de vidas en una celda. Pero está listo. –¿Sabes lo grande que es un transistor comparado con un pin? –No distingue qué Maya es la que habla. Hay ciento sesenta y cinco repartidas por los equipos. –¿Dices que soy un ángel? –dice Chioma, divertida. Ahora, Praedyth sabe qué equipo es: la Chioma del 227.72 suena más ronca que las demás. No sabe por qué. Maya de nuevo: –¿Quieres bailar? Duane-McNiadh resopla en una armonía de cien acordes. Ochenta Shims sonríen y le da con un codazo en su metafórico costado. Es una posibilidad minúscula. Pero todo lo que necesitan es una oportunidad. La puerta colosal del Jardín murmura, un eco de la melodía que los goblins cantan mientras cuidan las flores. El primer minotauro se prepara para cruzarla y un escudo se despierta a su alrededor. Todo lo que ya ha pasado, desde un punto de vista concreto, siempre está ocurriendo. Todo lo que sucederá está pasando. Si sabes reducir la cronología a una cinta lo bastante fina, puedes cruzar al momento oportuno. Si sabes cómo romperla… Ciento sesenta Mayas buscan a la Chioma que tienen al lado. Ciento cincuenta y ocho Chiomas le cogen la mano. Un Praedyth espera a que caiga la batuta del director. Innumerables vex en el Jardín esperan el mismo desenlace, una sincronía de la que nadie se percata. En alguna parte, siempre se levanta un velo. En alguna parte, Kabr siempre se condena a sí mismo. En alguna parte, siempre se abre una puerta. En alguna parte, siempre cruzan el umbral.