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Fin

Tras la votación para su admisión, Xûr se levantó para despedirse formalmente en el templo de yeso. El tejado se orientaba hacia las estrellas y los anillos del cielo. La sacerdotisa le señaló ambos brazos y le extendió un limo negro y húmedo por las palmas extendidas. "Del polvo venimos. Nos refugiamos en la carne en busca de calor", recitaba la sacerdotisa mientras le dibujaba nueve círculos en el pecho desnudo. YO IRÉ EN PRIMER LUGAR "Ahora los oigo con más intensidad", le dijo Xûr a la mujer sagrada con una sonrisa. Sus tentáculos le respondieron con un gesto afectuoso. Los Jovianos de las Muchas Lunas se alegraban mucho de que los dioses hubieran escogido a uno de los suyos. La sacerdotisa le señaló el planeta anillado del cielo, vecino de su mundo. "¡El Alquimista predijo nuestro futuro y nos trajo huéspedes permanentes del mundo del Tercero!". TE HE VISTO, dice el Alquimista en la mente de Xûr. "Llenamos de vida a nuestros huéspedes, que carecen de ella, reconstruimos su apariencia a imagen de la forma joviana y los Nueve nos completaron", añadió la sacerdotisa con un gesto de cariño de sus tentáculos. ERES EL PRIMERO ERES UN VEHÍCULO ERES UN MEDIO PARA ESCAPAR DE MI PRISIÓN "… ahora, los Nueve han elegido a nuestro hijo, Xûr…". CONTEMPLA CÓMO HE DADO FORMA A LOS TUYOS PARA DARTE FORMA A TI Los pies de Xûr se elevaron del suelo. Empezó a sentir miedo. SOLO TE NECESITO A TI "Algo va mal", advirtió Xûr. Miró a la multitud, confuso. SOLO TE NECESITO A TI Xûr dedicó sus últimos momentos como persona a rogar a este dios, a suplicarle que protegiera su frente pintada. Pero sus ojos brillaban azules, su mano se alzó sola y el último vestigio de su voluntad se extinguió mientras el Alquimista transformaba la atmósfera de Titán en nitrógeno.