Celeritas
"¿Estás listo?", le pregunta Savathûn a Immaru. Su gran garra se cierne sobre él, pero solo lo suficiente para que no se aleje.
La carcasa de Immaru tiembla, protestando únicamente porque Savathûn lo tiene en la mano. "Si solo me quedas tú aquí", dice con sorna y de pasada. "Venga, en marcha. Quiero ver adónde vamos".
Savathûn se pone un dedo en la cara en imitación de un gesto humano que no significa nada para su quitina y escamas. "Es un secreto", contesta.
"Siempre igual con los secretos". No le ofende. Conoce el poder de Savathûn y de dónde procede; aun así, intenta zafarse de ella, y ella se lo permite, pero no sin demorarse más de lo que a él le hubiera gustado.
"Volveremos a ver a mis hermanas", le promete. "A Xivu Arath, en su barquito sobre el mar de los aullidos… Y a Eris, mi dulce Eris".
"Después de todo, ¿la sigues considerando tu hermana?". Immaru rodea su corona.
"Nació de su carne y se transformó en mi hermana". Savathûn se lo dice porque haría bien en recordar esta verdad, que siempre será cierta. "Las relaciones entre hermanas son recíprocas. He matado a mis hermanas antes, y lo volveré a hacer".
"Eso me gusta más. Vamos allá". Immaru se desvanece en una ráfaga de luz y deja un rastro de polvo de escamas bajo su ala.
Solo queda un camino por seguir, y Fundamento queda muy muy atrás; el más tenue de los recuerdos que centellean en la larga y profunda noche. Sin más ceremonia, Savathûn se prepara y viaja entre las estrellas.