I: Ovotela
Cuando llega a Europa tiene casi el tamaño de un sacerdote arconte, pero hueco. Necesita éter. Cada vez que lo tocan, teme desintegrarse. Sus brazos se caen, su piel muda. No tiene nada más que la armadura y un telar milenario al que se aferra con sus cuatro brazos.
En son de burla, lo llaman Namrask, que significa "tejedor hueco". Es como llamar a un humano "Norman", que, por lo que tiene entendido, significa "no del todo humano".
Eramis segrega a todos los recién llegados para que pierdan todo vestigio de sus antiguas lealtades anteriores al Anochecer. Meten a Namrask en una pequeña madriguera excavada en el hielo. La superficie de la luna es tan radiactiva que ni siquiera los elixni pueden sobrevivir allí mucho tiempo.
Los pequeños drekhs del Invierno son amables con él. Namrask se da cuenta de que lo ven demasiado débil como para ganarse la enorme ración de éter que necesita. Lo han puesto en esa madriguera para dejarlo morir.
"Puedo trabajar", dice ásperamente. "Puedo fabricar vendas, capas, forros de armadura, ovotelas, absorbesúper, alfombras de oración y acuatelas. ¡Soy tejedor!".
"Amigo alto", dice seriamente uno de los drekhs del Invierno. "Nadie de tu tamaño puede ser tejedor. ¿Por qué no te ofreces para luchar por Eramis?".
Namrask se estremece. No puede luchar. No después de lo que vio en el Arrecife, esa cosa con su vara. No después de la SIVA, de la Grieta del Crepúsculo, de Londres. Kridis le aseguró que esta iba a ser la salvación.
"Traedme unos huevos rotos y os haré una ovotela", pide Namrask. ¿Cómo vais a envolver a las crías si nadie teje ovotelas para ellas?".
Los drekhs observan cómo usa los dientes para separar las cáscaras de huevo de la fina membrana que hay debajo. La rasga para crear unas largas fibras que urde en su telar, en una trama de vetas que van de arriba a abajo. Con las dos manos, sostiene el telar en su regazo. Atraviesa la urdimbre con una tercera mano. Se mueve cuidadosamente, pues cualquier movimiento brusco podría romper el ovohilo.
Su vida depende de esto. Su cuarta mano pasa hábilmente la lanzadera por la urdimbre, dibujando la primera trama. El hilo no se rompe, ha logrado tejer.
"Mirad", les dice a los drekhs. "Cuando Eramis acabe de conquistar a nuestros enemigos, tendremos que saber cómo hacer cosas".
Se sientan y observan. Sus brazos inferiores, todavía a medio crecer, imitan sus movimientos. Se llaman Eoriks, Oeriks e Yriks: hermano, hermano y hermana.
Al terminar, les entrega el pequeño trozo de ovotela. Ellos se asombran y se frotan las mejillas con ella. "Llevadle esto a la capitana del campamento", les dice. "Decidle que Namrask puede tejer si lo alimentan y le dan fibra".
Es la primera vez que hace algo sin echarlo a perder en el telar.