Rihk
Rihk extendió la mano para coger el garrote y, luego, empujó hacia atrás con toda la fuerza del androide para derribar al sospechoso. "¡Tranquilo!". Le resultaba raro volver a tener manos físicas, aunque las tomara prestadas de un androide de seguridad que manejaba desde el Arca de Nubis, y no estaba seguro de querer volver a usarlas.
Una vez que los agresores estaban en el suelo, entraron los ciudadanos virtuales destinados a la investigación, acompañados por el equipo de androides, para hacer un inventario de los suministros robados. Cuando entró la comandante Jingye, que aún llevaba su propia piel, Rihk volvió en sí.
"No sabía que iba a venir en persona, señora".
"He venido a ver lo que se puede salvar, agente". Esperaba que su superiora se acercara hasta las estanterías llenas de papilla de nanobots, fluido nutritivo, baterías y ensambladores —suficiente material para que la resistencia sobreviviera escondida varios años—, pero, en su lugar, Tse se detuvo delante de su sospechoso, que estaba tumbado en el suelo. "Menudo día, ¿eh?".
"¡No nos someteremos!". El desprecio se veía claramente en sus ojos al incorporarse delante de los suministros saqueados de los establecimientos públicos.
Jingye le ofreció la mano para ayudarlo a levantarse. Él la apartó de un golpe —un diálogo entre la esperanza y el odio—. Por dentro, el hombre desprendía puro terror.
La comandante suspiró y se volvió hacia el androide de Rihk. "Solo está asustado, señora", comentó.
"Todos estamos asustados, agente, pero estas sectas de la resistencia… prefieren morir viviendo como siempre en lugar de sobrevivir en una nueva normalidad". Torció el gesto. "Y no les importa que el resto muramos por su culpa".
"Mi hermana trabaja en los Servicios de Salud Mental y dice que andan faltos de personal, sobre todo sin los poukas. ¿Qué hacemos con ellos?".
"El consejero Adinew ha autorizado la criogenización profunda como opción para quienes no quieran subir al Arca".
"¿Dormir en lugar de echar una mano?". Rihk se burló mientras levantaba al sospechoso. La fanfarronería del delincuente se esfumó mientras escuchaba la conversación. "¿De veras cree que alguien preferiría eso?".
"Probablemente". La comandante hizo ademán de marcharse. "Y no tenemos tiempo para buscar soluciones mejores".