Farol
No se me da bien afrontar las pérdidas. No se me da bien y punto. Es algo que tiendo a evitar y de forma activa.
Resulta extraño, pero… ahí es donde interviene mi reina. Y antes de que me salgas con un chistecito del Arrecife o menciones a esa bruja y a su aquelarre o al rarito de hermano… mejor te lo ahorras.
Mi reina no es esa reina.
Mi reina es amor.
Mi reina es todo mi corazón.
Mi reina es… es difícil de explicar.
Es mi recuerdo del amor. Solo lo entiendo a través… de ella.
Pero no está aquí. Hace mucho que nos dejó. Por eso me aferro a ese sentimiento que albergo cuando me la imagino, y cuando lo hago… me siento infinitamente feliz.
Pero es complicado.
Perdemos tanto en esta vida. En cualquier vida. En todas las vidas, en realidad…
Pero esta vida… esta última Ciudad a salvo, ¿una vida que supone el final de todo?
Incluso aunque ganemos, parece una derrota.
Olvida eso. No lo creo. Si hay algo que no soy es derrotista. Es decir, soy yo el que derrota. Sin duda lo hago. Se podría decir que derrotar es lo que hago. Una de tantas cosas. Una de tantísimas.
Pero el pesimismo no va conmigo. No es mi rollo. Soy un tremendo optimista y me aferro a ello. A menudo. No siempre. Si fuera siempre se volvería pesado. Pero a menudo… soy el alma de la fiesta.
Puede que no lo parezca en todos estos escritos tan profundos abriendo mi alma… ¿Cuántas entradas llevo ya? ¿Once? ¿Diez? En realidad, llegado este punto, si sigues escuchando, tu alma es más valiente que la mía.
Pero, ¿por dónde iba? Ah, sí…
Optimismo.
Reboso optimismo. Entre otras cosas, si creemos ciertas las palabras de ciertos individuos sin nombre. Pero sí… cada día que estamos aquí es una recompensa tremenda… una victoria tremenda. Y deberíamos reconocerlo. Disfrutarlo. Abrazarlo. Pero nunca lo des por hecho.
Je. Tenía un amigo hechicero que solía decir "nunca lo des por pecho". Como la parte del cuerpo. Como p-e-c-h-o. El tipo más listo que he conocido nunca, aunque puede que no, ¿sabes? "Nunca lo des por pecho". Je. Casi tan absurdo como sus coletillas.
Vamos, Cayde, céntrate…
Todos los días. Terrible. Abrázalo. Disfrútalo. Pero nunca lo olvides…
La vida es dura.
Cuando los amigos se marchan, cuando los hermanos se marchan, cuando tu reina… cuando…
Cuando perdemos las cosas que de verdad importan… En fin, mucha gente puede utilizarlo, poseerlo. El dolor. La pérdida. Encuentran una forma de motivarse, de celebrarlo.
A pesar de todas mis virtudes, ver el lado bueno de la pérdida no es una de ellas.
Y mi reina me ayuda a hacerlo. Porque creo que era alguien especial. Era buena, tenía que serlo. Y yo… sí, también. Muchísimo.
Cuando los demás que he perdido por el camino empiezan a afligirme, pienso en ella, y ella se sobrepone a todo lo demás.
Así de fuerte es su llamada. Así de grande es el hueco que ha dejado… enorme. Te devora.
Se traga todo lo malo. No estoy seguro de que el modo en que aborde las pérdidas sea el adecuado, pero son mis formas. Me funciona. Me reconforta. Pensar en ella…
me… hace… feliz.
Entonces, las pérdidas se desvanecen.