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Flegetonte II

Cuando se propuso la creación de nuestro Testigo, discutimos. Como amante de la filosofía, mi voz fue una de las más combativas. Tal vez mi profesión os parezca un lujo inútil, pero teníamos tiempo y recursos de sobra. Nuestro fin era encontrar un propósito, y yo, como muchos otros, deseaba avanzar en nuestro camino. Como pueblo, puede que discrepáramos sobre nuestros métodos, pero nuestros principios eran intachables. Deseábamos poner fin al sufrimiento del universo. Tras muchos años de debate, me convencí de que, como forma final, nuestro Testigo encarnaría esta causa. Uní mi voz a la de los demás. Nuestro Testigo se liberó de los confines de nuestro cuerpo y mente. Abandonamos nuestro mundo en busca del Jardinero. Por el camino conocimos a otros viajeros espaciales, pero, en aquella época, estábamos decididos a encontrar al Jardinero. Durante mucho tiempo, nuestra única y perpetua compañía fue el zumbido del universo. Los euritmia nos recibieron con los brazos abiertos, una generosidad que pocas especies antes habían mostrado. Nos ofrecieron provisiones entretejidas de Luz y cantaron con voces que resonaban a través de la Oscuridad. Compartían lo que poseían y no pedían nada a cambio. Todavía sonreían cuando nos mostraron la fuente de su prosperidad. En aquella época, pecábamos de ingenuidad. Aún creíamos que el Jardinero solo nos había bendecido a nosotros. Éramos sus elegidos. Cuando se disipó la neblina, comprobamos que el Jardinero había vuelto a huir. Su obra estaba en ruinas; el hogar al que nos habían invitado, en escombros. Y nosotros, nuestro Testigo, se erguía imponente sobre los últimos euritmia. Recuerdo cómo nos miraron. No con rabia, odio o amargura, sino con una sonrisa, tranquila y comprensiva. Las notas finales de su canción nos envolvían incluso en sus últimos estertores. En el coro de nuestro Testigo, mi susurro casi se perdió. Pero, debido a su naturaleza, todos pueden oír hasta la voz más silenciosa. (¿Qué hemos hecho?) (—-La corrupción del Jardinero ha inundado este sitio. Debe purgarse.—-) (¿QUÉ HEMOS HECHO?) (—-Lo que era necesario.—-) (¡Somos la liberación del caos! ¡El consuelo del dolor! ¡El fin del sufrimiento! Lo que hemos hecho es… es…) (—-Necesario—-). ¡Necesario! ¡NECESARIO! Esta violencia innecesaria, estos celos odiosos y enfermizos; ¡necesarios! Grité y me rebelé hasta que nuestro Testigo me extirpó. Nuestro Testigo no escucha mi furia. Para nosotros, soy una leve imperfección temporal creada por una mano temblorosa que usa herramientas por primera vez. Puede que yo sea un error, pero también lo es nuestro Testigo. Siento nuestra destrucción como una herida abierta. No puede sanar; nunca se curará. En nuestra búsqueda del fin del sufrimiento, nos hemos convertido en sus precursores. Mil mundos en cenizas. Incontables mares carmesíes. Nuestra Forma Final se construye sobre una montaña de cadáveres. Destruid a nuestro Testigo. Poned fin a nuestra locura.