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ENTRADA 3: Lujuria y reapropiación, parte II

Esta página está cubierta de moho y tiene la marca de un recuerdo… Las palabras vierten experiencia en tu mente abierta… A TRAVÉS DE LOS OJOS DE CATÁBASIS… Pequeñas naves se apiñan como parásitos alrededor de un buque insignia central. Qinziq apunta hacia el buque, una nave de guerra cabal de clase transportadora. "Glykon Volatus". Pone el dedo sobre el perímetro de la valla del astillero y dice: "Cambio", como si dirigiera a un animal. Qinziq coloca la palma contra el suelo y desplaza la saturación de radiolaria con una burbuja de energía de vacío que estalla y la lanza, a ella y a Bahto, por encima de la valla. Sigo con pasos de Luz, mi fusil Tex Mecánica cuelga de una correa suelta. Bahto es el último en aterrizar entre los estallidos de los propulsores. Qinziq se coloca delante de él y calibra un dispositivo en su peto. Bahto se gira para mirarme: "Uno de tus dispositivos de teletransporte", refunfuña. "Detendré su receptor de señales para que la nave quede oculta hasta que retiremos el ancla de localización". Nos separamos en el silencio del astillero y cada uno se puso a lo suyo. Qinziq y yo atravesamos un campo de interceptores estacionados y Bahto hace todo lo posible para pasar inadvertido en su camino hacia una enorme antena en la zona adyacente al astillero. El imponente arco del Glykon Volatus se eleva y obstruye el cielo como una ola ensangrentada que se alza para consumirnos. Me agacho detrás del tren de aterrizaje frontal y Qinziq abre la rampa que lleva al puente de mando. Me asomo a la escotilla abierta. Al final del pasillo, una psiónica solitaria hace sus diagnósticos en el puente. Me arrastro sigilosamente hacia el interior y me quito el fusil de la espalda. "Dispara". "Las armas hacen ruido, Gil". No se equivocaba. Esos psiónicos podía alertar a todo el mundo con un solo pensamiento. "Ignorancia". Esa palabra recorre mi pensamiento con la voz furiosa de Qinziq. "No lo hará". "No te he invitado", pensé. El pensamiento sigue: "Tu mente está desenfocada y agotada. Hay caos donde solo debería haber razón". "Necesitamos la nave", susurró Gilly. Lo veo columpiarse en la periferia de mi visión. "Si no haces nada, esa psiónica hará que todos los cabal del sector vengan a por nosotros". Qinziq sale de la escotilla y se arrodilla a nuestro lado. "Esa psiónica se llama Yirix, Espectro. No nos delatará". "Es de la Legión Roja. Calus la ejecutaría". "Los psiónicos podemos pertenecer a muchos bandos, pero, entre los cabal, formamos un conjunto para avanzar hacia nuestro futuro. Ella reconocerá mi contribución, como yo reconozco la suya", explica Qinziq dando un paso al frente. Gilly observa cómo Qinziq se acerca a la otra psiónica. "Si esto se pone feo, no dejéis que se escape". Siento la presión de sus palabras en mis pulmones. Respiro lentamente, anticipando la huida inminente. Miro mi arma y espero. Yirix se tensa cuando repara en la presencia de Qinziq. Se da la vuelta y se saludan con una inclinación de la cabeza. Ambas empatizan y llegan a un entendimiento sin mediar palabra. Sus ambiciones van más allá de esa nave, de ese momento, de esos cabal. No había pensado en eso desde la última vez que tuve la apariencia de un guardián. Vendía el sueño de una ciudad inmortal protegida por la Luz, como si eso pudiera durar para siempre. "Para siempre" no es más que una esperanza que nadie vive lo suficiente como para ver frustrada. Yirix mira a Gilly, luego a mí y a mi fusil, no se siente amenazada. Siento su petición de templanza y una tranquila validación de su causa. Por un momento, me siento joven. Me pongo en pie. Calentamos los motores de lanzamiento y Yirix se escabulle para unirse al resto. Bahto se teletransporta hasta el puente, sin aliento. Consigue pronunciar algunas palabras llenas de orgullo: "Cargas preparadas. No podrán rastrearnos". El Glykon atraviesa la atmósfera y una explosión colosal sacude el astillero y las portillas del casco. Abajo, la explanada empieza a escupir llamaradas que acaban formando una hoguera de reliquias. Bahto lo llamó "la chispa que quema el pasado para alimentar el futuro". Es mejor así que a la inversa. FRENÉTICOS GARABATOS EN LOS MÁRGENES: La puerta está estropeada. Ha estado así desde que llegamos. Mejor no acercarse.