ENTRADA 8: Muro de Acheron
Esta página está cubierta de moho y tiene la marca de un recuerdo…
Las palabras vierten experiencia en tu mente abierta…
A TRAVÉS DE LOS OJOS DE CATÁBASIS…
El carruaje ataúd de Calus da a la cámara de observación una vez más. Todas sus formas se juntan alrededor de una estridente masa de metal y aprehensión: la corona, como él la llamaba. Hay menos tripulantes en esta comunión, después de tantos intentos fallidos. Gilly y yo estamos encima de un sinfín de cadáveres temblorosos. Hay cables enchufados que van hasta la carne de un repudiado conectado al éter bajo una fea corona. El oro de Castellum tiene manchas de una especie de liquen que se ha abierto camino entre los adornos del metal precioso desde el último intento de comunión.
"No sabía que el oro se manchaba", le digo a Gilly. "Es una expresión de pureza".
"¿Como la Luz?".
"Mm", refunfuño. Gilly se fija en la corona, en la ventana de observación y en la profundidad que se extiende más allá.
Bahto se coloca a mi lado y se apoya en la barandilla. "¿Todos los guardianes están gobernados por la incertidumbre?".
Los consejeros se acercan a la corona.
"Bahto, en mi experiencia, los que están demasiado seguros de sí mismos mueren pronto". Los consejeros ponen sus manos sobre la corona y, de pronto, soy muy consciente de la quietud de la sala. Nuestra inclinación.
Bahto alza la voz por encima del ruido, cada vez más intenso. "Tu Espectro les habla a los repudiados, tanto como pueden".
"Es curioso. Busca un ángulo, algo que poder usar. ¿No es cierto, Gilly?", pregunto, intentando ocultar mis sospechas.
Gilgamés no dice nada, su iris se congela mientras la cortina de observación se abre.
La velocidad se precipita hacia la anomalía y la realidad circundante se desgarra. El sonido de la risa febril de múltiples plegamientos de Calus ahoga las súplicas del casco. Esta vez es diferente, no es un pasaje. Es un muro. Nos estrellamos, pero no de golpe. Es un impacto seguido de una caída estable. Siempre hacia abajo. Las bandas cósmicas se doblan a nuestro alrededor y se ven atraídas hacia delgadas agujas luminosas de relevancia menguante. La obliteración periférica se inyectó y se consumió. El espacio entre cada aguja de luz se expande hasta… ser.
La transición es como una membrana reacia; una profundidad de almas congeladas en un lamento. El hielo fricciona contra sí mismo en la barrera eclíptica que hay entre la forma y la expresión.
Cruzamos. No hay sol. Quedamos a la deriva por corrientes vacías sin dirección.
.
.
.
"¿Dónde está el emperador?".
FRENÉTICOS GARABATOS EN LOS MÁRGENES: Mantienen un ala del hangar cerrada. Si nadie la usa…