Honrada
El orgullo aletea en la garganta de Petra como un pájaro atrapado. No sabe si se irá volando o si caerá como un peso muerto. Mientras baja el ascensor, mira hacia la izquierda a Illyn y luego a la derecha a Uldren. Arrastra los pies bajo su reluciente armadura formal. De emisaria exiliada de la Torre a ESTO… es increíble. Inconcebible. No se lo merece. "Esto es real", susurra, incapaz de contenerse. Uldren sonríe, pero Illyn hace un gesto defensivo: ¡Silencio!
La música va subiendo de volumen al llegar el ascensor. En el centro de la sala, los paladines y el resto de técnidas de Illyn se disponen alrededor de Riven, por supuesto, y…
Se le corta la respiración.
Mara.
No puede evitar lanzarle otra rápida mirada a Uldren: ¿cómo…?
Su sonrisa se hace más amplia.
Petra aprieta la mandíbula, echa los hombros hacia atrás, se yergue fuerte y alta.
Un coro de treinta los lleva cantando al Salón de los Nombres. El aire es dulce con el aroma de la lavanda, y hay cientos de velas encendidas por toda la sala, y aun a esta distancia, ve que Hallam está abrumado. Es la mejor vuelta a casa que podía imaginar. Más de lo que se merecía.
Cuando llegan al estrado, se arrodilla. Uldren e Illyn avanzan, dejándola atrás, para saludar a la reina y a sus consejeros que se mantienen a la espera. La canción termina; la música se calma. Uldren e Illyn hablan juntos, y sus voces resuenan feroces y verdaderas. "Majestad, estamos aquí para presentarte a Petra Venj, tu fiel servidora, para que todos los que habéis venido hoy seáis testigos de su homenaje y servicio. ¿La reconoces?".
Petra no puede ver nada más que su propio reflejo distorsionado en los escarpes pulidos. Cierra los ojos.
"Sí", dice Mara, y a Petra se le cierra la garganta.
Uldren e Illyn se giran, sincronizados. "¡Petra Venj! ¿Estás dispuesta a hacer el juramento?".
"Estoy dispuesta", logra decir Petra, luchando por controlar la voz.
"¿Prometes y juras solemnemente proteger nuestro pueblo, nuestras posesiones, nuestros territorios y nuestros intereses inmateriales?".
"Lo prometo solemnemente".
"¿Te esforzarás hasta el límite de tus posibilidades por que la ley y la justicia, con misericordia, sean ejercidas en todas tus decisiones?".
"Lo haré".
"¿Mantendrás con todas tus fuerzas tus deberes de salvaguarda para defender la vida de tu reina? ¿Ejecutarás y mantendrás inviolables las órdenes de tu reina? ¿Y protegerás hasta tu último aliento los secretos confiados a tu cargo?".
"Prometo hacer todo lo dicho".
"Entonces, levántate", dice Mara, "y declara tu voluntad".
Petra alza la cabeza y se encuentra con los ojos de Mara. "Quede declarado que los juramentos que en este lugar he prometido yo, Petra Venj, los realizaré y los mantendré hasta el final".
Mara sonríe y da un paso adelante con un cuchillo recién forjado. "Entonces recibe esta hoja, que ha sido traída de las fraguas de Interamnia. Con esta hoja, haz justicia, detén el crecimiento de la inequidad, restaura cuanto está en decadencia, mantén cuanto está restaurado, castiga y reforma cuanto esté desviado y confirma cuanto esté en el orden debido: que al hacer todo esto encarnes mi voluntad y te conviertas en mi Ira. Que la caza sea buena".
"Que la caza sea buena", repite la asamblea.
Petra no ve la mirada cínica que se intercambian Leona y Pavel, fieles servidores de la reina durante décadas. No ve la forma en que Riven saborea el aire. Ella ve a Mara, y solo a Mara.