Cartas
No entregada, perdida.
¿Los viste morir? ¿Me viste tomar el cuchillo y sacar cada ojo, uno-dos, uno-dos-tres? ¿Viste pudrirse tu cuerpo? Finges guardar las distancias, pero siempre te han definido tus preocupaciones. ¿Cuánto te afligiste cuando tus huesos fueron aplastados hasta convertirse en polvo y ceniza?
No entregada, mojada.
Las dos coronas se han partido y, que el cielo me salve, pero estoy descolocada. He sido una espada llorando durante mucho tiempo por que me esgrima una mano, pero ¿qué es una espada sin nada sólido que cortar? Tú me tranquilizarás. Me dirás que puedo descansar. Tratarás de llevarme a las bibliotecas. Yo… no puedo. No puedo. No puedo.
No entregada, quemada.
Патетическая. La efusión de un fuerte sentimiento en el pecho aun cuando lloras la muerte del mundo que es, fue y será. No fui a Marte. No iré a la Ciudad Onírica. Solo está el plan.
No entregada, perdida.
Primo, ¿te acuerdas de las calles de la Última Ciudad? ¿Te acuerdas de comer uvas rojas frescas y jugar al pillapilla entre los puestos del mercado? No puedes. Crecimos, morimos, renacimos. Pero yo me acuerdo. Es lo único que sé que es verdad. Tú solías reír. ¿Qué manipulación de los destinos nos ha llevado a cada uno a la ruina? [Letra vigorosa y serpenteante]. Escucho a diario los canales de la Vanguardia por si dan la noticia de tu muerte. Cuando llegue esa noticia, si es que llega, volaré hasta ti de inmediato, no importa dónde esté y no importa con qué frente luche. [Presión agresiva, que penetra lo suficiente en el papel como para rasgarlo]. Lo juro.
Entregada.
He estado dentro. No tengo más que palabras hermosas y violentas para mi informe. Te veré en tu trono.