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IV. Ángeles de la guarda

"Ya que vamos de infiltrados, ¿sabes lo que necesito? Una carcasa para disfrazarme. Algo… misterioso". Glint flotaba ansiosamente sobre el hombro de Cuervo, con las aletas de su carcasa inclinadas alegremente. "Deberíamos ir a ver a Tess". "En primer lugar", murmuró Cuervo, "no vamos de infiltrados. Es una misión de reconocimiento". "Ya", dijo Glint, "pero…". "En segundo lugar", continuó Cuervo, "soy yo quien necesita disfraz, no tú. Nadie sabe quién eres". "Eso no es verdad", protestó Glint. "¡Llevo cientos de años por aquí! Conozco a todo el mundo". "Pero bajo tu alias de 'bollito', o como sea", bromeó Cuervo. "Nadie en la Torre sabe que tienes un nuevo guardián". Glint emitió un sonido grave que Cuervo ya reconocía como una protesta. El portaluz insomne ignoró las quejas de su Espectro y comprobó la posición del sol. Se movió unos metros más hacia la sombra antes de volver a mirar al comandante Zavala. Lo último que Cuervo quería era que el titán viera el reflejo de los prismáticos. Había sido así toda la semana anterior. De día, Cuervo cubría a Zavala desde lejos con su fusil de francotirador, atento a cualquier indicio de teletransporte o destello propio de la tecnología de camuflaje. De noche, cuando la visibilidad era más limitada, ambos se dirigían hacia la Torre y hacían de guardaespaldas invisibles del comandante. Cuervo hurgó en su nueva capa de cazador. Era una prenda preciosa. Admiró el delicado tejido que había elegido Glint y le había regalado Osiris. Recordar tanta generosidad le hizo sentir culpable por haber sido tan tacaño. Cuervo suspiró. "Vale. Después de esta misión, cuando Zavala esté a salvo, iremos a buscarte un disfraz". Glint se puso delante de la cara de Cuervo, mirándolo con su gran iris mecánico ampliado por los prismáticos. "¿Lo dices en serio?". "Supongo", murmuró Cuervo inclinando la cabeza para ver más allá del Espectro. "Pero no porque lo necesites". "Sino porque somos amigos", contestó Glint automáticamente. "Claro. Amigos peculiares. Tal vez incluso amigos baratos, de leyenda". Cuervo sonrió. "Pero no amigos excepcionales. Tendrás que encontrar a un nuevo guardián para eso". "Eres el mejor", dijo Glint animado. "Diga lo que diga Lord Saladino". Cuervo resopló ante la mención del Señor de Hierro. "Todos estamos del mismo lado. Tarde o temprano, Saladino se dará cuenta y empezará a tratarme como a un guardián". "No te preocupes", respondió Glint, "con el legendario 'bollito' a tu lado, no podrá negarse".