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Ayudantes de la Aurora

Los androides de la Torre me han sido de gran ayuda para llevar las fiestas tradicionales a la gente de la Ciudad. No soy tan joven como era, y hay una gran cantidad de confeti que barrer después de que las celebraciones acaben. Justo el otro día me encontraba en una escalera maltrecha cerca del Anexo, cargada con una caja de serpentinas, buscando ayuda. Al pie de las escaleras, barriendo el mismo trozo de suelo limpio, había un androide. Sentí una simpatía instantánea por él, y luego una molestia pragmática. Seguro que podríamos aprovechar nuestros recursos mejor. "Vengo por mantenimiento", me dijo el androide. "Pues pareces mantenido", le dije con alegría. Le tendí la caja de serpentinas. "Esta sala se ve bien barrida. Igual podrías ayudarme a decorar el Patio". El androide inclinó la cabeza hacia abajo para mirar la caja. "Vengo por mmmmmmm...". Me miró de nuevo y siguió barriendo, pero más rápido. "Man... Zzzt... Esta tarea está por debajo... su Excelenccc... No participo, f-f-f-fin de la conv...". Observé con paciencia. "Su bene-ne-nevolente Majest-t-t-tad, maje-mantenimiento". Dejó de barrer. "Vengo por mantenimiento". Resoplé para mis adentros, dejé la caja y cogí la escoba del androide. Apoyé la escoba en la pared y volví a coger la caja. Ya me dolía la espalda. Le di la caja y señalé las escaleras. "Ven conmigo". Con algo de persuasión, logré atraerlo hacia el patio. Señalé los lugares donde quería que colgara las serpentinas. "Vengo por mantenimiento", dijo con voz débil. Lo dejé en ello sin muchas esperanzas de que el trabajo se hiciera de acuerdo con mis estándares, pero una no puede ir con muchas exigencias cuando el tiempo apremia. Como era de esperar, cuando regresé, el androide y la caja de serpentinas habían desaparecido. Decidí elegir mis batallas y lo dejé pasar, y ahora estoy más agradecida todavía por los androides cordiales y funcionales de mi trabajo.