La Ira del Rey
Dinna gira el transpondedor de emergencia hasta que se cierra el circuito. Y, por segunda vez en su vida, siente el crujido de la baliza cuando se quema, explotando su vida en un único alarido de radio: PSARA PSARA PSARA
Significa que la sala del trono de la reina está a punto de caer.
"Hecho", dice a su segunda. "No contemos con refuerzos".
"Por lo menos no con nuestros refuerzos". Todavía llegan cápsulas de la prisión, y se estrellan sobre el puesto de Vesta. "El trono no es un objetivo estratégico. ¿Crees que nos evitarán?".
"No lo creo", dice Dinna con tristeza. "En absoluto".
Técnicamente, la guardia de la reina nunca ha sido vencida en la batalla: el orgullo descarta la puñalada por la espalda de la casa de los Lobos como un acto de traición y no de fuerza militar. Pero los caídos están sueltos por el Arrecife… y si no hay ningún acto de traición, Dinna morderá el polvo y dirá que es humus. Esto le recuerda demasiado a aquel día horrible.
Así que, cuando oye la voz a través de la puerta, dice: "Un momento. Un momento".
"¿Paladina?", la llama el príncipe de los insomnes. "Sabes que es mi trono lo que estás defendiendo, ¿verdad? ¿Puedo pasar?".
"No estás solo", le responde.
"Me acompaña mi séquito".
Algunos de la gente de Dinna bajan sus armas. "Arriba las armas", grita. "No podemos confiar en que…".
Los comandos de anulación reales reptan por las redes de la sala del trono. La puerta se abre y una deslumbrante ráfaga de granadas cegadoras conforma la bienvenida real. Dinna mantiene la mirada fija, las armas listas, los ojos abiertos, confiando en que el casco amortigüe su visión… y esperando el primer destello azul de las armas de los caídos.
El príncipe Uldren Sov entra como la reina del baile, con el revólver amartillado y apuntando al techo. "Descansen", dice, con un leve zumbido de su capa, y todos, incluida Dinna, responden. Una simple debilidad momentánea. Un simple destello de deferencia, porque es el príncipe y parece correcto que vuelva a haber realeza en esta sala del trono. Los dedos fuera de los gatillos, las armas desviadas un par de grados del objetivo…
El impulso es tan fuerte porque burla la disciplina de Dinna y ya intenta aplastar el instinto inmediato de llevarse a Uldren por delante. Algo va mal. Hay algo extraño.
Los humanos corrientes pueden reaccionar a estímulos visuales en menos de doscientos milisegundos. Los insomnes, en menos de cien. Pero hay un fenómeno que Dinna y todos los de la guardia real conocen bien, un engaño mental llamado parpadeo atencional. Estás esperando que aparezca algo: un enemigo, un disparo, un ruido fuerte. Cuando se presenta, tu atención parpadea. No puedes detectar un segundo evento si se produce justo después del primero.
Es lo que sucede con el destello azul del disparo del fusil de arco tras la capa de Uldren.
Todavía podría cambiar el desenlace de la situación. Pero no hay nadie en la sala que puede apuntar y disparar al príncipe fácilmente: y él no tiene esa inhibición de forma recíproca.