Exégesis
Ya que he hecho que el trabajo de mi vida sea descubrir tanta verdad como la historia pueda ofrecer, registro estos sueños con la esperanza de que mi entendimiento subjetivo pueda mostrar a otros algún camino hacia la verdad:
TRISTEZA INFINITA: Estoy de pie en la proa de una nave, llorando mientras las estrellas cruzan el cielo a gran velocidad. Intento registrar billones de sistemas solares a la vez, en busca de un solo planeta. Una persona acompañante sin cara me pregunta por qué estoy tan triste y le muestro una foto de una masa globular o un planeta de doble anillo, dependiendo de cómo la sujete. "¿Cuánto pagaste por ella?", me pregunta. "Todo lo que tengo", respondo. Entonces, las estrellas dejan de cruzarse y la nave se diluye en pedazos. Caemos en la nada y me despierto.
CALOR FISURANTE: Estoy escapando de un fuego invasor de luz azul. Salto de roca en roca, pues son los únicos objetos con gravedad. Cada salto es una lucha contra el frío vacío del espacio. Veo una marea de gente agrupada y me doy cuenta de que es allí adonde intento llegar. Doy otro salto gigante más, pero el fuego azul me agarra los tobillos y caigo. El impacto de mi caída parte la roca en dos. Cientos de esos seres caen en el abismo que he creado tras de mí. Intento devolver a cada uno de ellos a la superficie, y lo hago hasta que no puedo más. Mis codos ya no se flexionan, mis brazos están demasiado débiles para empujar. El descenso aumenta cada vez más de temperatura, hasta que todo se vuelve negro y me despierto.
CANCIONES DE ANÁLISIS: Me encuentro fuera de mi cuerpo, mirándolo fluctuar de un vacío sin forma a otro. El primer vacío contiene una voz que tararea una canción, aunque sin ninguna presencia. A medida que atravieso los vacíos, uno por uno, otra voz se une en armonía. Intento contar las voces, pero no tengo claro si estoy añadiendo o quitando alguna, ya que se funden en una sola y en mi confusión. Olvido todo recuerdo relacionado con números por completo. Siento una correa que tira hacia mi ser y me veo a mí mismo diciendo adiós con la mano. Una voz se mete en mi mente a medida que las canciones arrulladoras se vuelven discordantes y desagradables. La voz se hace más fuerte y me despierto.
LAVANDO LA PIEL: He colocado todas mis pertenencias en un fregadero de porcelana gris. El jabón se adhiere a mis dedos. Según lavo mis posesiones, empiezan a disolverse. Froto más fuerte, porque sé que el lavado es la manera de eliminar las impurezas y debo estar seguro de que no me voy a disolver también. Mi madre me dice que la plata es el elemento de la pseudovida, veneno de piel azul. Me preocupa que mis uñas sean suaves.
MONTAÑA: Estoy en la Cumbre de Felwinter, pero hay un monorraíl exprés hasta la tienda de mi vecindario en la Ciudad, donde encuentro todo lo que necesito. Un guardián me trae un engrama especial. Me niego a descifrarlo. Le digo al guardián que es mejor así, sin materializarse, secreto, conteniendo sin duda lo que se necesitará llegado el momento.
TYRA: Soy otra persona. Tengo la esperanza de conocer algún día a Tyra Karn.