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Una cara amable

¿Alguna os habéis cruzado con alguien que os ha caído mal desde el primer momento? Son personas que parecen muy amistosas, pero lo son de una manera peculiar. Cuando eres joven, puede resultar difícil reconocer todas las variedades, pero, con el tiempo, las vas distinguiendo a todas. La menos común muestra una amabilidad genuina, aunque también están las personas que insinúan cordialidad con un "qué buen tiempo hace", las que buscan conseguir algo a cambio y las que son amables de cara a la galería. Este último tipo siempre oculta algo y espera que su fachada sirva para no destaparlo. En ese grupo se encuentra el hombre que se autodenomina "el Nómada". No acostumbro a hablar mal de los demás, pero es una excepción. No confío en él. No sé qué es lo que hace allí fuera y no sé si quiero saberlo. Solo he hablado con él un par de veces. Parece que siempre anda con prisa. La única conversación que hemos mantenido más allá de cuando nos conocimos fue muy breve, y se escabulló antes de obtener respuesta alguna por su parte. Fue justo antes de que comenzara el festival de la Aurora. Estaba preparando el decorado de mi puestecito cuando se acercó y me preguntó: "Vaya, ¿qué es todo esto?". "Imagino que conoces el festival de la Aurora", le respondí, pero no de forma cortante, sino amable, "vamos, sé que eres espabilado". "Ah, pues claro", me respondió, "se me había olvidado que ya se aproximaba esa época. El tiempo pasa volando, ¿verdad, hermana? Volando". Se quedó mirando la decoración largo rato con las manos en la cintura y asintiendo con gesto de aprobación. "Es posible, sí", afirmé. "Por cierto, quería preguntarte…". "Verás", empezó, "no sé si he estado en algún lugar donde se celebrara la Aurora. ¿Podrías contarme algunas cosillas?". No cuento con siglos de experiencia, pero tampoco soy una cría inocente: la vieja Eva sabe reconocer una mentira. Aun así, me entretuve explicándole en qué consistía el festival y le hablé de nuestras tradiciones y el significado que entrañaban. Asintió durante mi explicación, con semblante interesado. Traté de desviar la conversación hacia su persona. "Y, bueno, Nómada, ¿de dónde…?". "En fin, ¡será mejor que me marche!", dijo al tiempo que se daba la vuelta, haciendo como si no me hubiera escuchado. "Ya te he robado bastante tiempo, y quién sabe cuánto nos queda". Conforme se alejaba, se giró y dijo: "¡Me gusta la decoración! ¡Bonitos colores!". Luego, dobló la esquina y desapareció. He oído a algunas personas hablar de este extraño individuo. Todos suelen decir lo mismo: que parece simpático, aunque algo misterioso. También he oído cosas que no pienso repetir, porque son demasiado espantosas para ser ciertas, y no pienso ser yo quien difunda falsos rumores. Estoy segura de que su dieta no se diferencia demasiado de la de cualquier otra persona. Huelga decir que hay algo raro en él. Yo no lo perdería de vista. --- Motas de chocolate negro: Mezcla mantequilla poseída y sabor nulo, añade esencia de la Aurora y luego hornea.