Las coincidencias no existen
Parece que siempre voy a parar con clientes preguntones cuando más atareada estoy, al final del día. Hoy me tocó una mujer. Era una guardiana fornida y muy guapa, de pelo oscuro corto y con una franja blanca diagonal que le cruzaba cada ojo, ¡muy llamativa! Llevaba una bolsa colgada de un hombro y una pila de libros y paquetes bajo el brazo. Al ver esto, supuse que era una clienta de las buenas. Sus labios, curvados, le daban un aire impertinente; la mano que le quedaba libre reposaba sobre la cintura; y sus dedos no paraban de dar golpecitos mientras esperaba. Todo hacía indicar que se trataba de una cazadora.
"Feliz Aurora, señorita…", la saludé.
Ella fue al grano. "¿Podrías ayudarme a organizar una celebración de la Aurora pequeña e íntima? ¿Tienes alguna especie de kit o algo así?", me preguntó, mirando hacia atrás por encima del hombro con impaciencia. "Se trata de una sorpresa para… alguien que solía celebrar la Aurora en la Ciudad, pero nos hemos trasladado a Marte, así que…".
"¡Ah! Bueno, pues, para celebrar la Aurora, como mínimo hacen falta adornos, comida para picar y regalos. Lo primero es elegir los farolillos", le señalé las coloridas esferas que adornaban la tienda, "las velas", le dije conforme sacaba una caja de candelas de debajo del mostrador y las iba colocando frente a ella "y la serpentina".
"Velas y serpentina son sinónimo de incendio. Me quedo con las velas y los farolillos".
"Los tonos amarillos y plateados casan muy bien…".
Entornó los ojos para fijarse en mi repertorio. "Morados".
"Te voy a dar morados, verdes y plateados: una combinación muy bonita. La Aurora es una suma de belleza y maravilla, así que lo normal es comprar varios farolillos". Los coloqué plegados en acordeón encima de las velas.
Abrió la boca, pero la volvió a cerrar. Saqué mi mayor surtido de dulces de la Aurora y lo coloqué sobre el mostrador. "La generosidad y compartir son la esencia de la Aurora. Esta colección es la ideal para ti", ahí hice una pausa, "si lo que buscas es impresionar a alguien a quien quieres".
Ella frunció los labios y empujó el paquete de dulces decorado con lacitos junto a las velas y los farolillos.
Entonces, sonriente, saqué un exhibidor con mis mejores prendas. "Y, por último, el regalo de la Aurora, lo más importante…".
"Ah, ya me he hecho con un buen regalo de la Aurora", dijo conforme colocaba sus pertenencias sobre el mostrador y señalaba un estuche que había encima. También pude ver el lomo de varios de los libros gruesos, algunos con títulos muy largos, y todos con la etiqueta "Biblioteca Fu'an - REFERENCIA - NO RETIRAR".
La cazadora se dio cuenta de cómo fruncí el ceño y los metió en la bolsa. "Esto es lo que he elegido. ¿Qué crees que pensará ella?".
No sabía a quién se refería, pero me encantó el collar que contenía el estuche: un alargado colgante con el emblema de un pajarito de calidad excepcional.
Sonrió. "El diseño bien podría ser de la Edad de Oro, ¡pero el colgante puede almacenar treintaicinco petabytes de memoria!".
Le devolví la sonrisa. También la convencí de que comprara una bolsa para libros robusta y papel de regalo de color morado.
"Aquí tienes, ¡tu propia Aurora en una bolsa!", le dije mientras guardaba el lumen con el que me pagó y le entregaba sus adquisiciones. "Espero que a tu amiga le guste la sorpresa".
La cazadora asintió con la cabeza a modo de agradecimiento y se dio la vuelta para marcharse.
"¡Anastasia!".
No era otro que el comandante Zavala, en medio del pasillo, con los brazos en jarra mientras la multitud compradora pasaba a su alrededor.
"Zavala", musitó la cazadora. Echó los brazos hacia atrás y alzó la barbilla, fiera como un halcón.
"Feliz Aurora, Ana. Me sorprende verte por la Torre".
"Sí, bueno, tenía recados que hacer…".
No pude oír el resto de la conversación porque alguien llegó con un paquete y preguntó: "Perdona, esa mujer ha dicho que se dirigía a Marte, ¿no? Tengo que enviar este también allí".
Pasé la mirada por el albarán: velas, farolillos, surtido de dulces, papel de regalo, capa… El pedido de una tal Camrin Dumuzi. Me pareció curioso, porque menuda coincidencia…
"Creo que se trata de una sorpresa. El paquete puede salir con los envíos de mañana", le respondí.
Cuando volví a mirar, Zavala y la cazadora mantenían una intensa conversación: el Vanguardia de titanes gastaba una media sonrisa; la mujer, una sonrisa de satisfacción. Al ver esto, supuse que el espíritu de la Aurora había reunido antiguas amistades.
Así, me dirigí a mi siguiente cliente.
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Pastel lunar de Jabalina:
Mezcla polvo de quitina y sabor cortante, añade esencia de la Aurora y luego hornea.