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Ilyn

En los pasajes bombardeados de un lugar llamado Procesos y Servicios, los gritos han cesado. "Nunca lo había oído en silencio", susurra Lissyl. "¿Se han ido?". Pero sabe, al igual que Portia y Nascia, y que la misma Illyn, que los poseídos no se han ido. Hace no mucho tiempo, Procesos y Servicios era el lugar al que Illyn y sus hermanas acudían a fabricar equipo de la desolación: objetos tecnológicos imbuidos con el poder de las cáscaras secas de los poseídos de Oryx. Illyn fue la primera en postularse como conducto viviente, la primera de los técnidas en usar como puente esa profunda falla interior, ese cisma insomne fundamental. Recuerda los interminables y terribles gritos infinitamente malignos de las cosas. Pero también recuerda los susurros… y si los gritos ahora no se oyen, los susurros suenan más altos que nunca. "Deprisa", sisea Illyn. "Antes de que se entere Petra". Cualquier infracción en los Procesos y Servicios hace saltar una alerta y, aunque fueron astutas en su intrusión, se detecta hasta el más mínimo calor corporal y movimiento del aire. "Debemos hacer nuestras preguntas y marcharnos". La valiente Portia las guía a la celda que seleccionó para su uso: una esfera hermética de hierro reliquia bañada interior y exteriormente con papel de aluminio para atenuar las señales. Flota en suspensión un Viajero negro en miniatura, una perla formada en torno a un horrible fallo interior. Illyn abre un puerto de acceso del grosor de una aguja. Emite un fuerte hedor a ozono. Dentro hay un vándalo poseído, temblando y retorciéndose en innombrables cambios de dichosa agonía. "Nascia", susurra. En silencio, la precisa Nascia desliza un hilo de cable en el puerto y lo guía a través de giros imposibles y cerraduras encriptadas con el mimo de sus campos de aumento. Illyn se frota las sienes. Aquí los susurros son como gritos. Susurros que retumban en el lugar donde una vez sonó la voz de su reina. Susurros que suenan como la desaparecida Shuro Chi y los demás de la nave insignia de la reina. Deberían haberse usado las salidas de emergencia para dirigirse a la Ciudad Onírica si la batalla fuera mal. Deberían haber vuelto a casa a salvo. ¿Y si necesitaban ayuda? ¿Y si Petra le había ocultado su destino a Illyn? ¿Eso haría Petra Hija del Aquelarre, criada por las brujas? Las cosas no han sido fáciles entre la comandante regente y los técnidas… "Listo". Nascia les tiende el final abierto del cable. "Tened cuidado". Sus aumentos se sincronizan con una luz intermitente, igual que un rayo de sol que pasa por un campo de diamantes. Inquisitiva, Lissyl formula la primera pregunta. "¿Nos oís?". La ráfaga repentina de voluntad de las cosas de los poseídos acude a ellas. Es poderoso, pero familiar: Illyn evita su demanda. "Creo que nos oye", dice con una risa lúgubre. "Conocemos a los poseídos demasiado bien, ¿no?". En su momento se temió que a los guardianes les horrorizara la armadura fortalecida por los poseídos. Pero Petra tenía razón. Los guardianes llevarán puesta cualquier cosa que les otorgue poder, sea táctico o social. Juntas, desvelarían la geometría interior descarnadamente elegante de las cosas de los poseídos y buscarían los hilos de conexión que se extienden por el espacio y el tiempo. "¿Shuro?". susurra Illyn. "Os hemos oído. ¿Nos oís vosotros?". Ahí es cuando comete el fatal error. Piensa en los tiempos antes de Saturno. Piensa en Shuro Chi, Uldren y Mara. Ella… quiere que regrese esa época. Eso quiere. En el sin espacio que las rodea, unas grandes mandíbulas se cierran. "¡Riven!", grita la valiente Portia. Illyn estaba preparada para los poseídos, con todo perfectamente doblado, de forma elegante y manejable, pero este fuerte apetito, esa voluntad imposible… Pronuncia la palabra secreta de estasis que colapsará todos sus aumentos y pondrá fin a la comunión. No sabe si está a tiempo. La silenciosa Nascia está gritando, la inquisitiva Lissyl también. Los gritos han comenzado otra vez.