Nitrógeno
"¡Relámpagos!". El grito de Koro despertó a Tellia Ros de su inquieto sueño. "¡Son relámpagos! ¡Por fin! ¡Por fin!". Salió con una capa y un respirador para bailar de alegría.
Los relámpagos blancos se ven a través del plástico de la cabaña de Koro. Tellia piensa en granadas de arco y en los repudiados del barón atravesando las paredes de su laboratorio. Se estremece, cuenta las flechas de su carcaj e intenta volver a dormirse.
No es capaz. Se cuelga el carcaj y el arco y sale para reunirse con Koro. Está escudriñando la tierra alcanzada por los rayos, con una sonrisa boba. Un insecto excavador se desliza entre sus dedos. Él trata de capturarlo, pero solo consigue una delgada antena. "Necesito nitrógeno para cultivar plantas", explica mientras señala hacia el cielo y la neblina de aire contaminado que rodea esta parte del Arrecife. "Cuando el campo de contención crea la cantidad de carga suficiente, se arquea hacia el suelo y los rayos eléctricos separan el nitrógeno del aire, con lo que se fertiliza la tierra. ¿No es increíble?".
Tellia lo mira. "No puede ser que de verdad quieras cultivar aquí". El hogar, un hogar real civilizado, es un hábitat sellado, un lugar limpio y fresco lleno de luz.
"¿Por qué no? Ahora somos refugiados, Tellia. ¿Crees que las cosas van a mejorar?". Señala las estrellas brillantes de las naves y los hábitats sobre ellos. "Todos esos, todo esos son objetivos. Tenemos que aprender a vivir de la tierra".
"¡Somos refugiados porque las cosas no dejan de matarnos!". Tellia deja huellas enfadadas en el suelo. "No tendrás que estar aquí fuera mucho más tiempo. Petra Venj asegurará el Arrecife o la reina volverá, o… o…".
"¿Realmente piensas que ha sobrevivido?". Koro se frota las manos para limpiárselas. "Mi Felda no lo ha conseguido y era dura. Muy dura. Se necesitaron legiones de guardianes para matar a Oryx. La reina es… Sé que era alguien especial. Pero no es una guardiana".
"Creo que aún la puedo sentir", dice Tellia con terquedad. "A veces".
"A veces. ¿Quién sabe qué puede metérsenos en la cabeza últimamente?".
Una estrella nueva se enciende sobre sus cabezas. Koro entorna los ojos. "Una nave de guardianes", dice. "Se reconoce por la forma en la que se acercan, como si no les importase nada".
"Quizá vendrán a dar caza a los repudiados". Puede que algún día Tellia vuelva a ser científica, en un laboratorio de verdad, con un verdadero sitio donde dormir. "Como los días después de Skolas…"
"Tengo otras expectativas". Koro se da palmadas en los muslos, se pone en pie y, como si fuese un verdadero profeta, se dirige a su cabaña justo antes de que su bebé comience a llorar. "¿Has oído hablar del caído en Hygeia? Está dispuesto a pagar a la gente que quiera mantener unos cuantos telescopios remotos".
"¿Trabajas para la Araña?", grita Tellia. "Pero está…"
"Dispuesto a pagar en bienes duraderos. Dispuesto a ayudar a la gente a mudarse. Incluso a proporcionar seguridad". Koro descorre la entrada de su cabaña. "¿Me echas una mano con los niños? Alguien tiene que explicarles por qué no deben tener miedo a los relámpagos".