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Tiranocidio IV

Más tarde, mucho más tarde. Es la noche previa al día de los gritos. Mara medita cruzada de piernas en una mecedora sin gravedad. Variks le ha contado más de una vez cómo los caídos hablan de los insomnes como seres estériles, incapaces de hacer crecer de nuevo su carne, obligados a portar sus cicatrices para siempre. También que consideran a los insomnes como seres duales, pues coexisten con sus propias sombras. ¿La ancestral Inanna, reina de los cielos, no fue quien descendió al inframundo para hacer frente a su sombra gemela, su hermana Ereshkigal? Inanna fue juzgada por su arrogancia y ejecutada. No se puede asesinar a algo que es sinónimo de muerte salvo si lo haces en su propio territorio. No puedes temer a la muerte y huir, has de hacerle frente. La muerte es una espada, y una espada es como un cruce, como un puente, y los puentes se pueden recorrer en dos direcciones. El plan existe en su mente, aunque su querida Eris no ha tenido otro remedio que aprenderlo casi en su totalidad. Las técnidas no conocen el plan al detalle, pero colocarán a los heraldos en el umbral. Incluso la dulce y competente Petra desconoce el plan en su totalidad. Son muchos los que dejará atrás. Uldren no sabe nada del plan. Se ha guardado cada vez más cosas para sí, generando secretos y estrategias, todo ello lo sabe Mara, y se compadece, pues él la necesita y cree que puede llamar su atención si le oculta secretos. Los secretos son su virtud y la de su némesis. El ser cuya existencia dedujo de la analogía familiar de la Máquina del Oráculo se presentó ante ella. Mara supondría el inicio del fin para el hermano de esa otra reina hoy mismo. Sabía lo que eso significaba para el destino de los suyos. Ojo por ojo. Ahora tiene que pensar en el destino de todo el cosmos, y en su respuesta delicada y a medio formular a la fría lógica de la espada de la colmena. No ha de sentir pena. No ha de sentir miedo. ¿Acaso tuvo Inanna miedo cuando descendió? Mara no podía permitir que una fábula ancestral la superara. Después de todo, el nombre de Mara es sinónimo de muerte. Pero hay algo que admira más sobre Inanna por encima de otros mitos de la catábasis. Inanna descendió para conquistar.