Tiranocidio II
Hasta en diez ocasiones y una undécima le pidió Mara a la Máquina del Oráculo que le mostrara la espada que era la muerte y la forma en que aparecería. Hasta en diez ocasiones y una undécima la Máquina del Oráculo le mostró a Mara una imagen de su familia.
Primero le mostró a Sjur Eido, riendo y reluciente de poder, que terminaría desvaneciéndose para volver a aparecer.
Luego le mostró a Uldren, su hermano, que exploraba las ruinas de los mundos caídos y buscaba desafíos para ponerse a prueba.
Más tarde le mostró su propio rostro a Mara y se centró en el brillo secreto de su mirada.
Por último, dejándola sentir arrogancia y menosprecio hacia sus propios sentimientos, la alejó bruscamente hacia todos los que le preguntaban qué era lo que la perturbaba. Le mostró a Osana, que había permanecido detrás.
Mara se puso a recapitular. Una madre que se había quedado atrás, una hermana con secretos, un hermano cazador y explorador, una mujer simple y fuerte… Comprendió entonces que la respuesta a su pregunta se encontraba en sí misma, y que, para derrotar a lo que estaba por venir, tendría que conocerse a la perfección. El aislamiento sería su consigna, pues un sistema aislado es más sencillo de conocer.
En primer lugar, Mara se dirigió a los jardines y plantó una flor para su madre, a quien creía aún viva, aunque, a estas alturas puede que ya hubiera olvidado a su hija e hijo primigenios.
"Madre", dijo ella, "te pedí ser tu hermana en lugar de tu hija, de modo que te negué la oportunidad de contarme tus secretos, la verdad materna que se encontraba en el espacio negativo definido por las mentiras que las madres cuentan a sus hijas. Bueno, estos son mis secretos. Te quiero. Siempre te he querido. Sin ti nunca podría haber llegado a ser nadie".
Entonces, se marchó a hablar con su hermano, pero Uldren se había marchado a Marte, de modo que se vio sola en su habitación, con sus cuchillos a medio afilar y estantes de pistolas. Se arrodilló con aflicción y tocó el suelo con la mano, donde sus botas habían alisado la piedra de asteroides dejando huella. Era la forma en que estaba su relación fraternal. La búsqueda de ausencias.
En última instancia, Mara fue a ver a Sjur Eido. Sjur estaba haciendo una enorme lista de tareas absurdas y letales para publicarla en un panel de recompensas de guardianes. "Quiero contarte la verdad", dijo Mara. "Pregúntame lo que sea".
"Si tomas un entero positivo y lo divides si es par, pero lo triplicas y le añades uno si es impar y luego repites el proceso de manera infinita, siempre terminarás llegando a uno, ¿no?", preguntó Sjur Eido.
"Sjur, mi fiel provocadora", dijo Mara, "haz el favor de tomarte mi franqueza en serio. Seguro que Illyn es capaz de responder a tu problema matemático".
"Está bien". Sjur la miró con curiosidad. "Ahí va mi pregunta: ¿qué te sucede? ¿Por qué actúas así?".
"¿Podemos hablar?", le preguntó Mara.