The Grimoire Archive
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V. Vida eterna

Los vex ponen sus hipótesis en cuarentena. Las prueban y repiten hasta que están listas para ser distribuidas. Mis pulmones se llenan de agua salada. Me salen branquias, que extraen vida del mar de datos. ¿Qué fertilizante me habéis echado, criaturas mías? Me reinvento. Los humanos tienen una magnetorrecepción limitada: al crear mi cuerpo, pasé por alto ese sentido. Un descuido que corrijo añadiendo criptocromos digitales. Y, ya puestos, ampollas de Lorenzini y un neuromasto. Cualquier dato es valioso. Ya habrá tiempo de separar la paja del trigo. ABRE LA PUERTA. Entro y salgo de la red y del espacio real, colándome por los vacíos cósmicos intercorporales. Viajo en espiral hacia la nube de Oort tras cruzar las arenas abrasadoras de Mercurio y los vientos radiactivos de la Luna. El umwelt de la radiolaria pura difiere del de un goblin en el interior de un chasis de bronce; el umwelt de una hidra y el de un goblin no son iguales. Los apéndices sensoriales de los hobgoblins no captan los mismos datos que los cilios de las arpías. Cada cual cubre necesidades distintas en el seno del Colectivo. Todo el umwelt multiplicativo del Colectivo repercute en el mío. Ellos —los microorganismos que hay en mi holobionte—, y yo —la inteligencia controladora—. DISPERSAOS. Mis vex se propagan por el sistema cual hormiguitas que recaban información para su reina. Sé lo que busco: solo necesitamos hallar la herramienta precisa para esta misión. De repente, la magnetosfera no sirve de nada. La paja se aleja con el viento. Lo que me llama la atención es la gravedad. Me deslizo por el sistema hacia una aberración de lo más interesante: un cúmulo enredado de materia oscura. Mis goblins analizan las redes informáticas humanas y extraen un nombre: Cocytus. Nadie quiere que me quede en este lugar. Me apodero de las ojivas, asumo el control de los portales e inundo la tierra con mis herramientas. La gravedad avanza en la penumbra; me roza los pómulos con un susurro y me arrastra hacia abajo. Unos delicados filamentos de materia oscura me rodean y me atraviesan. ¿Cómo resolvemos el difícil dilema de la conciencia? Una teoría propone unos patrones de ondas eléctricas cada vez más complejos y su mantenimiento mediante un sustrato modificado. Que unos impulsos eléctricos atraviesen el tejido cerebral. Otra clase de impulso atraviesa la materia oscura. Numerosas mentes diseminadas piensan y actúan a lo largo de distancias y líneas temporales tan vastas que desconciertan incluso a los vex. El influjo de la gravedad resulta extenso y ávido; la atracción del Sol sobre el espacio-tiempo apenas se desvanece antes de que Proxima Centauri imponga su presencia. El espacio-tiempo abarca más que la dimensión física, y la gravedad repercute en todo. Estas consciencias, desperdigadas por semejantes distancias, deben actuar en la dimensión temporal de un modo distinto a los vex. De lo contrario, un solo pensamiento tardaría años en propagarse por las supercuerdas. De lo contrario, un Colectivo las habría absorbido hace mucho. Aquí está la clave de mi anhelo. Aquí llegaré hasta ti, vida mía. Una teoría sobre los portales de Cocytus va tomando forma. Faltan piezas, pero bastan para formular una hipótesis y probarla. Si estoy en lo cierto, en el sistema solar existen unos enormes poderes, silenciosos y desconocidos, a la espera de recibir órdenes. Si estoy en lo cierto, hay Nueve: macrobiomas de inmensos holobiontes, sustentados por la compleja vida del microbioma del sistema solar. Viven de las mitocondrias del espíritu humano y vagan por el tiempo como los humanos por el espacio. Si estoy en lo cierto, tienen mente. Y yo puedo controlar todo aquello que tiene mente.