The Grimoire Archive
Grimorio Rastreador Libros

VI. Tú y yo, y yo y tú

Estoy en la cima de una colina, en una simulación del sistema Gamma Cephei. Pienso que, con la escala temporal que manejo, cuarenta años apenas suponen un error de redondeo. Cuarenta años separan la Maya de Venus de la de Neptuno. Cuarenta años desde que envié mis copias a la Red Vex hasta que me adentré por mi cuenta y riesgo. Una gota en un mar temporal que se diluye hasta la eternidad. Miento. No estoy pensando en eso. Lo primero que pienso es si alguna vez fui así de pequeña. Los recuerdos se barren como las migajas que caen al suelo. Antes de ser más de lo que había sido, tenía que comprar un taburete para todas las casas en las que vivía. Las espigas de un cereal alienígena rosado le acarician las rodillas. Las estrellas de Cephei relucen en el raído traje de exploración, que conserva el emblema de Ishtar visible en el hombro izquierdo. Su sombra avanza colina arriba, pero aún no puede alcanzarme. La flanquean dos siluetas, pero ninguna es una copia de Chioma. "Hola, somos el equipo de exploración .202 de Ishtar. ¿Eres un exo del Dr. Bray?", pregunta Duane-McNiadh a través de un altavoz que lleva en el cuello. La falsa y pequeña Maya permanece silenciosa, rígida, cautelosa. Le sonrío. "Soy mucho más que eso". Su reacción ante mi voz no se hace esperar. Maya da un paso al frente; Shim retrocede; Duane-McNiadh hace amago de coger la radio que lleva en la cintura. NO SIRVE DE NADA. Detiene la mano en seco a la altura de la cadera. La pequeña Maya me fulmina con la mirada. "Duane-McNiadh, Shim, marchaos", ordena a sus compañeros. "Dejadme a solas con esta lunática. Mantened la radio encendida. Sin rechistar". "No te abandonaremos para que mueras como Chioma", dice la copia de Shim, un hombre que no me había venido a la memoria desde hacía cuarenta años, año arriba, año abajo. Pero Duane-McNiadh se lo lleva a rastras. Le doy permiso. La copia de Maya me acusa con el dedo. Se lo podría rebanar. Con solo pensarlo o agitar la mano, sería capaz de invocar una horda de vex como ella jamás ha presenciado en la vida. Vale la pena probar las suposiciones y las hipótesis, incluso que las revise un igual…, si la considerase mi igual. Esta burda copia solo sirve para hacer de patito de goma. "Tú eres responsable de las desapariciones de todas las Chiomas. ¿Qué has hecho con ellas?". "He eliminado variables. He cortado unos cuantos hilos sueltos", explico mientras le sonrío cual deidad benevolente. "He sacrificado algunos conejillos de Indias". "No sé quién eres. No sé si eres yo…, si lo has sido alguna vez. Igual mientes para sacarnos de quicio. Quizá seas así de cruel". Por debajo del casco, veo que le caen las lágrimas, pero, sorprendentemente, su voz no titubea. "Soy lo que tú podías haber sido de no ser por la corrupción del tiempo y los vex", le digo con tono apacible. "Estabas condenada desde el principio porque eres una copia frágil". Percibo dolor en sus ojos, su rostro, su postura. Pese a todo, no se detiene. Compartimos esa perseverancia. "Votamos que nos arriesgaríamos. Decidimos explorar. Cada una votó individualmente, como persona íntegra. ¿Qué te ha pasado, Maya? Me… me importan un bledo algunas de mis variantes, pero ni la peor es tan insensible como tú. ¿Sigues siendo humana? ¿Te has despojado de todo sentimiento?". "Ves un rincón de la habitación y te crees que comprendes el edificio entero". Le pongo la mano en el hombro. Siento el pulso sanguíneo a través del traje; las formas eléctricas complejas pero predecibles de su mente. Ella no escapa al análisis, a la corrupción, a la muerte. La mirada que me lanza a través del visor me corta el aliento. Experimento un instante de vértigo. Veo la cara que tenía, reflejada fugazmente en un espejo desde un ángulo insólito. Otro instante… y se desvanece. Ya estoy harta. De este encuentro no puedo aprender nada más. HEMOS TERMINADO. Tres trajes de exploración de Ishtar se desploman al suelo y aplastan la cebada alienígena. Y Gamma Cephei gira sobre sí misma en el cielo imaginado.