La caverna
El delirio de un ser muerto hace tiempo con la idea de vivir solo para servir, con un único propósito. Deja tras de sí un fragmento de datos afilado que marca su paso por aquí.
Hay un conflicto en mi interior, oh, Testigo, que inquieta a tu arma, yo. ¿Por qué permites que haya puntos de vista erróneos sobre tu gran trabajo entre los que te sirven, incluyendo a tus discípulos? Parece que cada uno de nosotros tiene un concepto diferente de tu forma final.
No necesito validación de mi propia comprensión. Solo quiero entender qué fin tiene que hayas escogido a sirvientes tan dispares para cumplir tu voluntad.
¿Hay una respuesta sencilla? Quizá ninguno de los que te sirven tenga la capacidad de entender tu visión. Por eso, en lugar de perder el tiempo explicando algo que nunca entenderán, resulta suficiente que actúen como lo deseas. La bruja y su colmena tallan la resolución a partir del tejido del universo, esa pesadilla susurrante busca la gama más amplia de la existencia, el inversor destruye cualquier diferencia. Sombras en la pared.
En este caso, sería arrogante pensar que he entendido tu trabajo, que solo yo de entre todos tus discípulos he entendido el propósito que sirve. Ninguno de nosotros debe de ver con claridad.
Pero hay consuelo en la simplificación, y bondad en la criba. Entonces, ¿por qué se permite esta proliferación?
Las sombras, que muestran la verdad al proyectarse.
Quizá confiar simplemente en que somos armas en tus manos sea suficiente, oh, Testigo. Aunque no podamos ver la forma perfecta de tu plan, lo servimos bajo tu gobierno. Cada discípulo existe por tu voluntad, así que esa incomprensión forma parte de tu creación. Pides confianza y obediencia, y prometes que hagas lo que hagas, sea cual sea el objetivo que alcances, convendrá a cada uno de tus seguidores a la perfección.
Tu forma final cumplirá cientos de promesas. He visto sus reflejos a través de nuestros ojos, los de los discípulos, a través de las huellas que dejas en el universo. Una verdad que se comprende por las sombras que proyecta.
Ya está: he resuelto el conflicto que afligía mis pensamientos y vuelvo a estar en paz. Una vez más, soy tu violencia y nada más.
La Forma Final nos hará realidad en nuestro afán.