The Grimoire Archive
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Irae

Un sueño lúcido que surge por la noche con un canto furtivo como la luz estelar. Deja tras de sí un fragmento de datos cristalizados que marca su paso por aquí. Estoy limitada, lo sé. A una reina le corresponde ser honesta consigo misma, incluso aunque esas verdades se oculten a los consejeros y súbditos. Dejar el Distributario no fue un error. De hecho, era la única opción, ya que la estela en expansión del Colapso también debe encontrar un lugar seguro algún día. Aunque hay días en los que me arrepiento. Los cuerpos celestiales todavía giran. La mayoría de ellos. Toqué la mente —el ser— de esa fuerza terrible y distante, y fue más que suficiente. Incluso yo, reina e insomne, que soy la fuerza de mi pueblo, me sentí inextricablemente mortal en ese momento. Había mirado al vacío del espacio antes sin nada más que mi voluntad para seguir respirando y nunca sentí miedo. ¿Pero esto? Me inquieta. No debería preocuparme. No puedo abrazar el miedo. Así que le doy la vuelta una y otra vez y escojo entre las piezas de esa impresión fragmentada para encontrar algo más. Para observar mi propia debilidad una y otra vez. Para entender que algo consumirá el miedo agotador. Lo que se conoce se puede desmontar. (Había una versión de mí que se sentía agradecida… No). Sin embargo, cuanto más lo analizo y pienso en ello, menos lo entiendo. Una cacofonía, un peso abrumador que contiene presencia, pensamiento e intención. Una persona, pero sin serlo. Más que eso. Imagina si el primer lugar en el que nacimos los insomnes no hubiera sido más que un caos aullante. En medio del ruido, del peso opresor, descubro piezas tan delicadas como telas de araña y tan dispersas como las estrellas. Las dispongo unas junto a las otras en mis pensamientos. Aquí va un objetivo, pero no como una sola tesis, sino con la idea de un propósito feroz, brillante y determinado, como era yo. Aquí va una forma, y la veo afilada, como un recorte sin estrellas sobre una galaxia distante que se vuelve clara sobre el espacio negativo. Son los pensamientos de la colmena, debo suponer, pero no son lo mismo. El propósito y la agudeza están separados aquí. La Oscuridad y la espada. No, la Oscuridad SIN la espada. Aquí hay calma. Respiro y se resquebraja, pero la idea de ese final silencioso y perfecto permanece, y se mantiene en sueños. A veces pienso que si sueño el tiempo suficiente, entenderé mejor al Testigo, la voz no perteneciente a la Oscuridad que sigue ahí. Pero no tengo tiempo para pasármelo soñando. Para entender a este carroñero apático que desgarra nuestro mundo y estima que la destrucción que deja es trascendente… Es arriesgado, como todas las cosas de valor. He aprendido algo más del Testigo a partir de esos breves momentos en los que lo toqué. No hay ni cómo, ni porqué, ni casa, ni tesoros a los que apuntar como debilidad. Solo esto: Debajo de todo, ese ser contiene suficiente rabia como para quemar las mismísimas estrellas y reducirlas a cenizas.