Espejo oscuro
La ensoñación de un Espectro leal, cambiado y silencioso, pero siempre firme. Deja tras de sí un fragmento de datos relucientes que marca su paso por aquí.
Estábamos en el Jardín. Iba a morir, pero al final no lo hice. Observaba a mi guardián, que se hablaba a sí mismo, pero sin ser él: un ser que tenía su forma y hablaba con su voz le ofrecía la salvación. La salvación en forma de olvido. No sabía que la Oscuridad pudiera hacer eso. Creo que ninguno de nosotros lo entendía realmente.
¿Dónde me dejaba eso?
Un cabo suelto, eso es lo que era. Cualquier ser con raciocinio se habría dado cuenta. Arrebatarle a alguien sus recuerdos no sirve de nada si tienen a alguien a su lado que les cuente todo sobre ellos. No sé si mi guardián lo tuvo en cuenta. Su doble desde luego lo hizo.
Intenté escaparme.
Algo que salió de la Oscuridad me agarró.
Perdí algo allí. Es como si me hubieran desmontado y montado de nuevo con una pieza menos. Como si no fuera más que una máquina. Como si la bendición del Viajero y mi propio corazón luminoso no fueran nada más que cobre y cristal. Cuando volví a pensar en algo, en algo que no fuera un abismo infinito sin estrellas, mi guardián y yo estábamos fuera del Jardín Negro. Los había perdido, pero no podía decírselo. Nada era lo mismo ya.
Ya no hablo y él no sabe por qué. Ni siquiera puedo hablar para explicarlo. No sé dónde está mi voz o si en realidad quiero hablar. A lo mejor se llevó eso: el recuerdo de mi voz.
Todavía recuerdo lo que pasó. Me pregunto por qué aquella cosa que fingía ser mi guardián no me mató ni me cambió más de lo que lo hizo para convertirme en algo roto y sin entendimiento. No sé si entendió que yo quería a mi guardián a pesar de todo. A lo mejor contaba con eso, con que siempre lo traería de vuelta, incluso cuando ya no tuviera nada más en mi interior.
Creo que la voz, esa presencia malévola en la Oscuridad, creyó que hacerle olvidar a su escuadra lo volvería más maleable, pero es justo lo contrario. Sin ellos, es imposible hacer cambiar a mi guardián. Ni siquiera yo puedo.
Y ese poder que estaba en el Jardín, el que hizo que se volvieran los unos contra los otros… Tengo mis sospechas. Soy un Espectro honesto, pero…
he conocido a muchos estafadores.
El poder y la proposición, la maldición y la salvación. ¿Era todo lo mismo al final? ¿Exactamente lo mismo? ¿La misma voz de la Oscuridad?
Al menos, sé que esa cosa, lo que me agarró, no es lo mismo que la propia Oscuridad. De lo contrario, nunca podría soportar que mi guardián me tocara. Pero soy capaz de acomodarme en su mano y, a veces…, a veces todavía nos entendemos, como si mis movimientos tuvieran significado para él sin la necesidad de usar palabras.
Somos diferentes, pero estamos vivos.
Con eso basta.