Contemplacielos
Uno, dos, ¡tres! ¡Miradme todos, niños!
Es jueves, y ya sabéis lo que eso significa… Exacto, ¡es el Día de los Surcanubes! ¿A qué se dedican los surcanubes? ¡Así es! Nos protegen. ¿Y cómo les damos las gracias? ¡Recordándolos!
Hoy aprenderemos más cosas sobre Contemplacielos. En general, el término describe a alguien que observa el cielo y estudia las estrellas. La persona que escogió Contemplacielos como alias era muy inteligente.
Neptuno, nuestro planeta, es un mundo oculto. Es muy grande, pero, debido a la densa atmósfera y el potente campo magnético, es muy difícil divisar algo en su superficie. Gracias a ello, nuestra ciudad está escondida y a salvo, pero, al mismo tiempo, nos oculta el universo. Podíamos ver las estrellas, pero no estudiarlas.
¡Contemplacielos fue la primera persona que aprendió a usar las matemáticas para ver el cielo!
Y no solo se fijó en las estrellas, sino también en la Tierra. ¿Qué sabéis de la Tierra, niños? ¡Exacto! La Tierra es un planeta que está más cerca del Sol, y es donde se originaron los humanos hace mucho tiempo. Pensábamos que no quedaban humanos en la Tierra, pero no teníamos la capacidad de ver para comprobarlo.
Cuando Contemplacielos observó la Tierra, ¡vio a más humanos!
Pero ahora la Tierra es un lugar peligroso. Sus habitantes no van al colegio ni al mercado, sino que viven intimidados por los señores de la guerra, que los obligan a obedecer en lugar de pedirles las cosas con educación.
A Contemplacielos le preocupaba que los señores de la guerra encontraran Neptuno. ¿Y si decidían amedrentarnos también a nosotros? Nuestro mundo es muy difícil de encontrar, y los terrícolas se habían olvidado de nuestra diminuta nave colonia. No obstante, en la Tierra también hay ordenadores, y los señores de la guerra podían descubrir nuestra ubicación, al igual que nosotros descubrimos las estrellas.
Contemplacielos viajó a la Tierra y se valió de un ordenador especial llamado Estratega para hacer que los demás ordenadores del planeta se olvidaran de Neptuno.
En la actualidad, seguimos vigilando la Tierra y, cuando desaparezcan los señores de la guerra, regresaremos para ayudar a sus habitantes a limpiar su mundo. ¡Será como cuando ayudáis a vuestros padres con la limpieza en casa! A quién no le gusta que la casa esté limpia, ¿verdad?
Bien, eso es todo por hoy, niños. Tres, dos, uno… ¡A divertirse! Y recordad darles siempre las gracias a los surcanubes.
(Carlita Capibara, El rincón de los capibaras, T43, E19).