V — Eris Morn — Mímesis
Versículo 8:5 — Espadas
¿Cuál es la naturaleza de la guerra? El ritual.
¿Cuál es la naturaleza del ritual? La fascinación.
La imitación moldea el deseo, y Xivu Arath se ha convertido en su gran mediadora. Obliga a aquellos contra los que lucha a enfrentarse a ella, y el objeto por el que combaten es la existencia misma. Ella alza su espada, y nosotros la nuestra. Xivu Arath nos cercena, y nosotros a ella. Sangramos juntos, reflejados en nuestro dolor y nuestra violencia.
Savathûn nos miraba a través de un velo para que no la viéramos. Xivu Arath nos mira a través de un espejo oscuro y solo se ve a sí misma.
Este es su diseño, su mecanismo definitivo de deseo: nos hará a su imagen y semejanza. Cortará el universo entero hasta hacerlo a su imagen y semejanza para que sea lo único que quede cuando todo perezca.
Vanidosa y solitaria. Así es Xivu Arath, despojada de sus hermanos.
La lógica de la espada se predica sobre la base de esa imitación. Pagar a Xivu Arath con su propia moneda es encarnar su violencia y su preciosa tesis. Estamos obligados a reaccionar, una y otra vez, conforme ella avanza. Estamos obligados a desear la existencia a toda costa, como ella.
¿Es el destino? ¿Es inevitable? No. Es una trampa ontológica.
El Estratega lo sabía, puesto que era capaz de conocerla más íntimamente que cualquiera de nosotros. Su escalada no logró nada, salvo reflejarla perpetuamente. Su autosacrificio puso fin a ese frente de violencia. Las acciones de este frustraron su lógica, pues Xivu Arath no reconoce ningún sacrificio que no termine con un grito.
Pero el autosacrificio no logró poner fin a su marcha de guerra. Solo la duda puede hacerlo. Y en el melancólico solipsismo de Xivu Arath, solo le quedará eso.