The Grimoire Archive
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Distrito 125

Las sombras tenían a su Espectro. De algún modo se hicieron con tecnología de contención: tecnología Práxica. Debería investigar este asunto en algún momento. Si lograba sobrevivir. Ni hombres con Armas doradas. Ni escuadras. Ni refuerzos. Había estado siguiendo una pista sobre un grupo de Dredgen jóvenes que la había llevado a cruzar el Puente Viridiano en su colibrí hasta un laboratorio local de Gensym. Pero las sombras la estaban esperando. Desde un mirador oculto en un paso elevado, el misil de un cañón montado en el hombro había destruido la carretera que tenía frente a ella. Había salido despedida de su máquina. En esa fracción de segundo, vio cómo Bahaghari había intentado atraparla con un rayo de Luz. Pero tras un silbido y un chasquido revelador, una red de caza logró silenciar a su Espectro. Para entonces ya estaba cayendo. Se dejó llevar por la fuerza del viento y su caída terminó en una zambullida. Sufrió una conmoción por el impacto y la temperatura del agua; se le congelaron hasta los huesos mientras una lluvia de escombros caía sobre el lago que la rodeaba. Comenzó a nadar hasta la orilla, hacia un camino que sabía que la llevaría al paso elevado. ** Se detuvo junto a una barracuda robada y dirigió la mirada a los restos del puente en llamas donde había caído una hora antes. No veía a Bahaghari por ninguna parte, pero el visor de su casco logró captar un eco de la descarga de vacío desde una posición estratégica de francotirador. Era igual a la secuencia de lanzamiento de una Condesa SA/2 montada en el hombro. Se la envió al Nómada, y, a cambio, este le proporcionó las coordenadas de tres posibles pisos francos de las sombras en la zona. Sin Bahaghari, tuvo que introducirlos manualmente en la interfaz de su rastreador. Seleccionó el más lejano de su posición y pisó el acelerador de la barracuda. ** Cuando llegó a un almacén abandonado en el distrito 125, las sombras ya habían pedido un rescate por su Espectro en varias zonas de la Ciudad. Querían autorización para sacar sus hipernaves del sistema a medianoche. Si no recibían autorización, matarían a Bahaghari. La Vanguardia ignoró por completo la misiva. Negociar con renegados no era una opción. Ni siquiera con el mismísimo Osiris. Y estas sombras no eran Osiris. El tren maglev procedente del centro este rugía sobre las vías. El próximo tren llegaría a medianoche. Veía una luz en el último piso del edificio rojo oxidado y siluetas de varias personas. "No estoy en esa planta", dijo Bahaghari. Aunor balbuceó. "¿Cómo…?". "He pirateado el sistema de contención. Es tecnología Práxica. Tenemos a un renegado en la orden". "Ya nos preocuparemos de eso más tarde. ¿Dices que no estás en la última planta?". "No. En el sótano. Es subterráneo. El edificio está vacío; solo estamos nosotros. Ni se te ocurra pensar en un asalto, necesitarías un equipo. O un Gjallarhorn". "No tengo ninguno de los dos, Bighari". "Ni lo pienses". "No he dicho nada". "Solo me llamas eso cuando estás a punto de cometer alguna estupidez". ** Nunca había conducido un tren maglev. Le gustaba la sensación de poder que sentía desde el vagón delantero, viendo pasar el mundo a toda velocidad. El tren estaba vacío. Había ordenado a todos los pasajeros y al conductor que se fueran antes de secuestrarlo. Era posible convencer a cualquiera de casi todo con un Sello de Cormorán. Se aproximaba a la curva a toda velocidad, y tecleó un comando en su muñeca. Una serie de minas de proximidad en la vía y la barrera que la soportaba explotaron, y el tren se precipitó a través del humo y el fuego, para estamparse contra un almacén rojo oxidado que estaba más abajo. ** Veía todo lo que Bahaghari podía ver, incluso si moría. Para los que estaban dentro del edificio, era como si el mundo estuviera llegando a su fin. Pero su Espectro estaba libre, y se dirigía al vagón delantero que había atravesado la planta superior del almacén. Un par de sombras heridos, los únicos supervivientes, estaban justo detrás de ella cuando se acercó al cuerpo de Aunor, su ojo rebosante Luz. Aunor emergió de una radiante columna y pasó por debajo del arma ensangrentada de la sombra, golpeándole con la mano ardiente en el vientre. Atravesó su cuerpo carbonizado y rodó hacia delante con impulso, bajo un ruidoso disparo del cañón de la segunda sombra. Desde el suelo, le asestó una potente patada, destrozando su rodilla descubierta. Se subió a él mientras caía y le propinó una sucesión interminable de codazos hasta dejarlo inconsciente. Bahaghari se situó detrás de ella. "Hay tres cuerpos más… en algún lugar debajo del tren. ¿Y ahora qué?". Aunor se puso de pie, cubierta de sangre y cenizas. "Nos llevamos a sus Espectros. Alerta a la Vanguardia. Tenemos a cinco renegados detenidos". Aunor encontró su guardapolvo en la cabina del tren, hecho jirones y casi calcinado. Se lo puso, agarró su Sello del Cormorán y se sentó junto a los cuerpos, esperando a que los Espectros de sus prisioneros se materializaran. La radio sonó. "No hay bajas. Buen trabajo", dijo Ikora. "¿Hablas como la jefa de los hechiceros o como la de los Encubiertos?", respondió Aunor. "Como tu amiga. Cometiste un error, pero lo has solucionado. Zavala y yo apreciamos la ayuda prestada. Es imperativo…". "… que el Nómada y Gambito continúen, sí". "Aunor". "Sí". "¿Todo bien? Te estamos pidiendo mucho". "No quiero vuestro trabajo. Y la Ciudad necesita las conexiones de esa rata y sus recursos. Si puede traer a Orin de vuelta con nosotros…". "Mmm. Sigamos hablando de esto por la mañana". Miró por el visor hacia la vía del tren en llamas y a las ruinas del almacén que la rodeaban. Supuso que esta sería su vida a partir ahora.