Sloane: Ríastrad
Tras ver cómo la nave rugía por última vez y abandonaba Titán, la subcomandante Sloane volvió a su despacho y se atavió con la tecnología de la Edad de Oro que había recuperado de la colmena.
La pesada fuente de energía le colgaba de los hombros cual bandolera. Se la echó al cuello y se enfundó en el traje, grande y burdo. En cuanto se cubrió la cabeza con la capucha gris, apareció una pantalla ante ella. No entendía el idioma (todavía), pero se decantó por la opción en verde.
Tras un silbido, el traje se ajustó a su cuerpo. Todavía pesaba bastante, pero había recuperado libertad de movimiento. Se concentró en su propio brazo y el material se convirtió en gruesas placas blindadas. Era increíble.
Intentó crear energía de arco, pero el traje bloqueaba su Luz. O simplemente todavía no sabía cómo hacer que la Luz fluyera a través del traje.
Con la mirada, seleccionó primero otra opción y luego lo volvió a hacer para confirmar. No sintió dolor cuando notó que el traje le implantaba un tubo gélido por el costado y este se alojó cerca del estómago. Esto respondió a algunas de sus preguntas.
Sloane marchó al exterior dando tumbos. Había tormenta, como si Titán tratara de repeler al invasor que lo sobrevolaba. Sloane se adentró en el vendaval mientras la lluvia le cubría esa segunda piel. Andar le resultaba cada vez más fácil gracias a que el traje se adaptaba a cada paso.
Se activó una señal y un lacayo de la colmena se le abalanzó. Lo cogió del cuello y un brazo antes de hacerlo pedazos. Todo ello sin despeinarse.
Se rio; pero el traje lo interpretó como un grito de guerra, así que amplificó la risa y la emitió. Resonó contra los contenedores desechados en las plataformas de aterrizaje empapadas y el eco viajó a través del Mirador de la Sirena hasta la pirámide.
Los rayos parpadeaban en el cielo a medida que la tormenta se desataba.