12. La Sacerdotisa
¡Elixni! ¡Kridis, la Sacerdotisa, os llama a través del abismo! En estos momentos, la conocida como Ladrona de naves lleva la antorcha de nuestro pueblo. Pronto nos alzaremos con la debida prominencia, unidos bajo un solo estandarte y un solo kell, sin más dioses que nosotros mismos.
¿Quiénes resistieron al Tornado? ¿Quiénes reconstruyeron queches y armerías enteras de las ruinas? ¿Quiénes recorrieron durante generaciones los páramos, viviendo a base de gotas de éter y enfrentándose a incontables batallas? ¿Quiénes sobrevivieron?
¡Nosotros! No esa supuesta Gran Máquina, ni los ídolos que erigimos a su semejanza. ¡Los elixni sobrevivimos!
Entonces, ¿por qué seguimos ansiando una luz que no brilla para nosotros? ¿Por qué nos arrodillamos ante los sirvientes que hemos creado?
Porque tenemos miedo. Por todo lo que hemos sufrido, por todo el tiempo que hemos viajado, nos aferramos a la idea de que estábamos destinados a una existencia superior, a evolucionar por encima de nuestra forma presente, pero el Tornado separó a nuestra gente de la divinidad demasiado pronto.
Yo también lo creía. Lamenté la muerte de nuestro potencial colectivo en rituales y ritos. Sentí la ácida quemadura de la desesperación en mi cuerpo mientras me socorría el sirviente primario. Soñaba con el día en que miraría al cielo en busca de salvación, pero lo encontré vacío.
Estaba ciega.
Pero Eramis me sacó la Luz de los ojos y ahora puedo ver.
Por eso, os lo ruego, hijos de Riis. ¡Aceptad la claridad! Sed testigos de la grandeza de la Casa de la Salvación y de su kell. Celebrad, pues la que puso a nuestros sirvientes en su lugar hará lo mismo con la Gran Máquina.
La Luz ya no puede ofrecernos nada. Hemos viajado demasiado tiempo en la Oscuridad. ¡Es hora de aceptarla!