Desafiante
—El Régimen te quitó todo lo que amabas… ¿y tú culpas a tu padre?
El Régimen nunca mintió acerca de sus intenciones. Eran crueles, pero honestos.
—¿La honestidad significaba algo para ti?
La honestidad lo era todo.
—Interesante. Entonces, ante el hipócrita de tu padre te apoyaste en el Régimen que os esclavizó a los dos y que acabó con la vida de tantos de los tuyos.
El Régimen no me esclavizó, me liberó.
(El Régimen puso la guja de vuelta en mis manos, el arma a la que puse tu nombre. Ahora tiene un nuevo nombre: Castigo de Rhelik. Y aunque intentes ocultarlo, eso te asusta. Tal como esperaba).
(Mentiría si dijera que no lo disfruto. De hecho, lo disfruto tanto como disfruto la constante luz zafírica. Y el techo que me da cobijo o saborear varias comidas al día. El Régimen trata bien a los suyos).
(Puede que la ciudad esté demasiado abarrotada, que las leyes sean estrictas y que todo el poder esté en manos de unos pocos. Pero, al menos, no pasamos el tiempo intentando sobrevivir en vano. No vivimos asustados, solos y con frío, preguntándonos si seguiremos vivos mañana).
(Pero sobre todo, padre, nadie me niega mi sed, mi ansia de sangre. Al contrario, la alimentan y la aplauden. Ya han empezado a revelarme verdades sobre los viajeros y sobre lo que fomentaba el orbe reluciente).
(Siempre decías que las manos del Régimen estaban manchadas de sangre, pero nunca me habías enseñado las tuyas…, hasta ahora).
(¿Cómo puedes plantarte ante mí y confesar tu deslealtad al Régimen? ¿Cómo puedes mentirme de nuevo?).
(Puede que me hayas superado esta vez. Te escapaste por los pelos. Pero iré a por ti. Acabaré con esto).