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Aislamiento

Basta. —¿Por qué? No quiero seguir. No quiero revivir esto. —Muchos morirían por tener la oportunidad de revivir sus momentos de mayor grandeza. Los momentos de mayor grandeza terminan en triunfo, no en extinción masiva. ¿Qué importancia tiene? —¿Terminar? No, no. Queda mucho para terminar. Debes esforzarte más para saborear la verdadera gloria. Quizá el concepto de metamorfosis no te resulte familiar, pero eso es lo que estás experimentando justo ahora. Antes, tenías la libertad para deambular por tu cajita, pero no tenías alas para salir volando de ella. Así que te las hiciste, siendo nada más que una pequeña larva, envolviéndote en una crisálida. Ahora, para liberarte de esa envoltura, debes dejar aquello que te hacía débil y quedarte solo con lo que te hace fuerte. Pero mi mundo… (Fragmentado). —Recreado aquí, para ti. (Reformado. Todo a mi alrededor). —Cada pequeño detalle. (Los soles. El abismo. El Régimen. Lubrae). —Cada doloroso recuerdo. (Mi clan. Mi familia. Khloa, patriarca del clan. Kheesa, matriarca del clan. Kheeta, la hermana. Vrhuna, la madre. Rhelik, el padre. Sus cabezas en mis manos). —Amarlos te hizo débil. Tener poder sobre ellos te hizo fuerte. Al reflexionar, te embarga el arrepentimiento. Te crees bajo el embrujo del Régimen. Crees que tus acciones bajo su mando no fueron las correctas. Pero la moral, querido Rhulk, es subjetiva. Y ahora que eres el único superviviente de Lubrae, ¿no es hora de que seas tú quien imponga las reglas? ¿No es hora de que veas con orgullo el camino que has recorrido? Después de todo, son tus acciones las que te trajeron ante nosotros. Y solo nosotros podemos ayudarte a emerger de tu crisálida. ¿Nosotros? ¿Y qué sois vosotros? —Somos tu salvación. Somos tu juicio. Y pronto seremos… tu Testigo.