The Grimoire Archive
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III. Legado

Un leve lloriqueo simulado reverbera en el taller mientras Archie apoya la cabeza sobre el hombro de Ana. Ambos están sentados delante del arnés que sujeta el antiguo androide exo de Rasputín, una exánime efigie de cables y acero. "Lo sé, coleguilla", dice Ana con dulzura. "Yo también lo echo de menos". Tras el sacrificio de Rasputín, Ana hizo que trasladaran el androide exo del CLME a su taller en la Torre. Por aquel entonces, se decía a sí misma que habría sido un desperdicio mantener guardado el androide, pues sus avances tecnológicos podrían serles útiles a otros exo en el futuro. No obstante, la realidad era que no estaba lista para despedirse de él. Pese a ello, había emprendido un nuevo proyecto; ¿qué mejor forma de olvidar la pena que mantenerse ocupada? Por eso, decidió hacer honor a sus palabras y, gracias a la ingeniería inversa, había comenzado a estudiar los componentes más complejos del androide. Hasta que se enteró de que Titán, al igual que Marte, había reaparecido de improviso. Y Sloane con él. Una guerrera que necesitaba una guerra; un arma en busca de un blanco. Como el Estratega. Esa idea había impedido que Ana pudiera concentrarse en el trabajo. Pero ahora mismo rodea a Archie con el brazo mientras sus pensamientos deambulan entre los desechos que dejó Rasputín. Este había reunido un arsenal inconmensurable: restos de miles de satélites bélicos repartidos por el sistema solar, prototipos armamentísticos sin terminar, estratagemas y simulaciones olvidadas para siempre. Y aun así, sentada aquí, a la sombra de su sacrificio, Ana prefiere recordarlo por lo único que no construyó para la guerra. Una IA canina, creada sin más finalidad que la de hacer compañía, que se ha ganado su propio hogar en la Torre y que saluda a todo aquel a quien se encuentra en sus paseos cotidianos. Al final, el legado de Rasputín no es la guerra que libró, sino las vidas que quiso proteger. Ese pensamiento dibuja una sonrisa en los labios de Ana. Es lo que lo diferenciaba de Xivu Arath. Y espera que Sloane se dé cuenta de que lo mismo puede decirse de ella. Ana contempla el androide exo una última vez antes de levantarse y acariciar la cabeza del perro, que responde meneando la cola alegremente. "Venga, Archie", dice mientras coge su radio. "Vamos a dar un paseo".