Epílogo de Valus Forge
Cuando Saladino terminó con la última historia, sacudió la cabeza con pesar. Había sido un idiota al creer que los dragones de los deseos habían desaparecido para siempre. Si el pasado le había enseñado algo es que todas las cosas acaban por repetirse.
La emperatriz Caiatl rompió el silencio contemplativo del consejo de guerra. "Valus Forge, antes has dicho que, entre los cabal, solo los psiónicos pueden entender de verdad a estos dragones".
"Tanto como es posible entenderlos", respondió Saladino.
"Entonces, Optus Qorix dará su opinión al respecto", declaró. Todas las miradas se centraron en la delgada psiónica que permanecía inmóvil en el extremo de la sala.
La Optus se puso de pie. Su cabeza apenas sobresalía por encima de la mesa. La pupila en forma de Y de su ojo se dilató y las palpitaciones de su piel facial, blanca como la leche, se ralentizaron.
En la mente de los miembros del consejo, la sala pareció oscurecerse y calentarse. Un agradable zumbido empezó a surgir de las paredes. Después de un momento relajante, una serie de imágenes aparecieron en sus cabezas:
[flota cabal : Ahamkara : grilletes : oficial psiónica : imaginario : copa : pensamiento-dios : OXA : los grilletes se rompen : nuevo Torobatl : trono de psiónica]
La visión se desvaneció y el frío acero del buque insignia de Caiatl los envolvió de nuevo.
Valus Tha'rag se levantó con determinación. "¡Esta traidora se imagina descaradamente en el trono!", rugió. "Deberíamos…".
Su diatriba se vio interrumpida por una avalancha de comentarios psíquicos, como una especie de migraña pasajera. Todos cayeron inmediatamente en otra secuencia de visiones:
[flota cabal : Ahamkara : grilletes : Valus Tha'rag : trato : Marte : cuerpos de la colmena ardiendo : cuerpos de caídos flotando en el espacio : cuerpos humanos enterrados bajo escombros : cuerpos cabal colgando : emperador Tha'rag]
Tha'rag se hundió en su asiento, sorprendido. La Optus volvió a su silla con dificultad y colocó un pedazo de tela húmeda sobre su ojo expuesto.
La emperatriz Caiatl tragó saliva, como si se estuviera conteniendo las náuseas. "Tu idea ha quedado clara, Optus".
"¿Y qué idea es esa exactamente?", preguntó Tha'arec con la mano en la frente. "¿Que somos todos traidores a la espera del momento adecuado?".
"Exactamente", respondió Saladino con calma. "No importa quién desea qué ni la buena intención que tenga. Optus Qorix comprende que los Ahamkara se alimentan de las consecuencias imprevistas. Por eso iniciamos la Gran Caza. No es que no pudiésemos fiarnos de los Ahamkara, sino que no podíamos fiarnos de nosotros mismos".
"Tú no eres cabal", replicó Tha'arec.
La emperatriz Caiatl levantó su enorme mano para pedir silencio. "Las visiones de la Optus me recuerdan a la antigua general de evocación. Umun'arath pensaba que podría controlar la magia de la colmena en nuestro beneficio, y eso nos costó nuestro mundo. No volvamos a caer en la misma trampa. No intentaremos capturar a los Ahamkara vivos".
Caiatl golpeó la cubierta de la nave con el pie: quedaba decretado.
"Por desgracia, también debemos protegernos de aquellos que carecen de nuestro autocontrol", añadió. "Cuando hayamos terminado con el Testigo, los Ahamkara deberán volver a la extinción. Si tiene que haber otra Gran Caza, los cabal la apoyarán".
Volvió a golpear el suelo con el pie antes de ponerse en pie. El consejo quedó aplazado.
Mientras los demás comandantes salían, Caiatl se detuvo junto a Valus Forge. "Sé que lamentas la dureza de la Gran Caza y que te gustaría encontrar otra solución", dijo la emperatriz. "Pero, incluso con la ventaja de la retrospección, ¿se te ocurre otra solución?".
Saladino sacudió la cabeza con resignación. Si el pasado le había enseñado algo es que todas las cosas acaban por repetirse.