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La historia de la mujer sabia

"Un momento", dijo Eris, y Wei Ning se fue de su lado para unirse a otra refriega sin pensárselo dos veces. El cadáver del Ahamkara yacía de lado, sin vida. Por fin. Eris sentía un picor en la yema de los dedos a causa de la energía de arco que había canalizado un momento antes. Se tensó, se estiró y recuperó el aliento. Era primera hora de la mañana. El sol acababa de asomarse por el horizonte. Caminó alrededor de la bestia para observar el daño que le habían causado. La habían pillado desprevenida. La atraparon, la cegaron y la derribaron. Eris se detuvo al ver el gran abismo que tenía en el vientre. Wei Ning había asestado el corte mortal. Las vísceras se habían desparramado y el vapor que emanaba de ellas era visible con la luz de la mañana. Una costilla, blanca y reluciente, sobresalía de la herida. Eris desenfundó la espada. Podría quedarse un trofeo. Solo eso. ¿Acaso Shaxx no había vuelto a la Ciudad arrastrando un cráneo el doble de grande que él? Colocó el filo de la espada sobre la costilla de la criatura. El hueso astilló su espada y se resistió antes de soltar un fragmento de los restos del Ahamkara. Un trozo de hueso yacía a sus pies. Cuando Eris lo recogió, su visión se estrechó y oyó susurros. El hueso, que brillaba, estaba húmedo y áspero. Lo sostuvo entre el pulgar y el índice con una sonrisa.