The Grimoire Archive
Grimorio Rastreador Libros

Entrada IX

De la mente de Match, consejero Sombra del verdadero emperador. A bordo del Leviatán, sereno en el lugar de los finales. Doy las gracias a mis ancestros por la plenitud de mi copa. Doy las gracias a mi emperador por otorgarme un propósito. Sin un secreto que perturbe mi mente, he descuidado este diario. Hoy regreso a él de buen humor, impulsado por el entretenimiento de mi emperador. Un grupo de guardianes, huéspedes de Calus, se ha presentado con una serie de exigencias triviales: una nave espacial, una descripción precisa de su "Oscuridad", una lista de las estrellas que el Viajero ha visitado, un tratado con el imperio cabal para defender la Tierra, la posibilidad de ver el aspecto verdadero de Calus, reparaciones en algunas armas que consideran que no funcionan correctamente, etc. Calus adora a estos guardianes. Le gustan por su energía, por su vivacidad, por su disposición a hacer todo lo que les pida con la esperanza de una recompensa. Le encanta cuando bailan. Le encantan los tremendos enfados heroicos que sufren cuando no están satisfechos con su trabajo. ¡Buscad el disfrute, les dice! Y le encantan los guardianes porque sabe que puede enseñarles una lección que jamás podrán aprender por sí mismos. Son como Calus era antes: ignorantes de su finitud. Calus les enseñará. Son inmortales, pero todos desaparecerán algún día… como mi emperador, como yo. El día llegará pronto. Todo esto se desvanecerá con tanta certeza como la infancia desaparece de los adultos. Y cuando desaparezcan las cosas por las que los guardianes luchan —su poder, su futuro, sus ganas de hacer más y más—, comprenderán que lo que importa es la felicidad vivida con sus compañeros, no las ambiciones ni los arsenales reunidos. Todas las cosas terminarán. Todo lo hecho en pos de alguna grandeza futura quedará en nada. En nuestro último ajuste de cuentas, solo las cosas que nos han aportado felicidad y sentido importarán. Y como confié en Calus, he encontrado la felicidad. He tomado las decisiones que me permitirán morir en paz. Benditos sean los espíritus del cáliz. Bendito el día en el que vertieron sus almas en nosotros. Y bendito sea mi emperador, que nos llevará hacia el fin.