Entrada VIII
De la mente de Match, sacerdote del cáliz. A bordo del Leviatán, donde se alza ahora mi templo. Hoy lleno la copa en Y de alabanzas hacia mi emperador, Calus, soberano pasado y futuro, para que mis ancestros conozcan su generosidad.
Se lo he contado.
Ha decidido dónde lo preparará todo para morir. El Leviatán ha puesto rumbo a un sistema lejano, donde el Viajero espera. Sus Sombras ya van de camino para matar a Ghaul o morir en el intento. ¿Cómo podría traicionarlo en esta etapa de finales guardando un secreto que él había pedido compartir?
Fui a visitarlo mientras se bañaba en su piscina real, tan exquisitamente sensual como su antigua forma. Me despojé de mis vestimentas, ya que no hay más tabú entre nosotros que entre dos animales, y me senté a su lado al brillo de su confort.
"Majestad", dije, "te he ocultado un secreto".
Le expliqué que rendía culto a mis ancestros y al cáliz sagrado que contenía sus espíritus. Reconocí haber puesto estas creencias por delante de él en mi corazón. Él me escuchó mientras le contaba cómo los antiguos pensamientos-dioses de mi pueblo, los jefes supremos operantes que dominaron nuestra prehistoria por medio de una simple incursión mental, exterminaron mi fe por atreverme a ver una chispa de lo divino en cada persona corriente.
"Match", dijo, "has cometido un delito y en breve dictaré sentencia. Pero, primero, quiero preguntarte una cosa. ¿Crees que tomé la decisión adecuada con los clipse?".
"No", admití.
"¿Porque acabé con muchísimas vidas?".
"Sí, majestad".
"Pero, sabiendo que no iban a tardar en morir y que, a cambio de matar a la mayoría, podía conseguir que unos pocos tuvieran una vida feliz, sin conflictos… ¿no elegí el mayor bien posible?".
"Majestad, supongo que mi fe me hace ver el sufrimiento común de los clipse como algo… más justo que la supervivencia feliz de unos pocos. Si yo fuera uno de los clipse, querría tener la posibilidad de luchar, no la sentencia de un ser superior".
Él asintió, compasivo. "Lo sé. Yo también intenté ser justo una vez, Match. Un imperio de exceso para cada ciudadano, sin importar su clase ni su especie de nacimiento. Para un gobernante, es bueno elevar el nivel de vida de sus súbditos, pero ¿qué pasa si ese gobernante ha encontrado la prueba, una prueba absoluta, de que la existencia es un juego de suma cero? ¿De que no hay bastante tiempo ni energía para proporcionar una vida justa a todo el mundo? Sabiendo esto, ¿no debemos privilegiar a unos pocos elegidos?".
Yo no sabía la respuesta y así se lo dije.
"No pasa nada. No busco la certidumbre". Cambió de posición, provocando pequeñas ondulaciones en toda la piscina. "Después del golpe de estado, durante bastante tiempo, observé el universo infinito y vi… una falta de sentido. En un universo que continúa eternamente, debe de haber una infinidad de Calus que observan el mismo vacío. ¿Cómo podría yo ser un dios, siendo… genérico?
"Pero, ahora que he visto lo que se avecina, ahora que el tiempo de que disponemos tiene un límite… Bueno, puede que suene cruel, Match, pero, cuanto menos haya de todo lo demás, más importo yo. Pretendo ser la última cosa buena de este mundo. Reuniré a los compañeros que elija y aliviaré todo el sufrimiento que pueda antes del final. Algunos emperadores tomarían cualquier forma para escapar de la muerte, pero yo no soy uno de ellos. Yo soy fiel a mí mismo. Igual que tú, Match".
Me dio una palmadita en la espalda con enorme delicadeza. "Tu único delito, consejero, fue haberme denegado la posibilidad de hacerte un regalo. Ven. Muéstrame el sitio que prefieras y dime qué medidas necesitas. Te construiré un templo para que puedas rendir culto sin temor. Lo único que te pido es que me recuerdes en tus oraciones".