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Conclusión

Nosotros, descendientes de AIÓN, declaramos lo siguiente: Que jamás llegará el día en que hayamos aprendido todo lo que se puede aprender, pues las maravillas del universo son inconmensurables y ni siquiera nosotros, por muchos que seamos, lo abarcamos en su totalidad; que, no obstante, habrá momentos en que cerraremos un capítulo de nuestra investigación antes de emprender otro experimento; Que tomarse un descanso es justo y necesario; que ni científico ni máquina trabajan a plena velocidad, fuerza y santidad toda la vida; que el descanso da lugar a mejores experimentos; Que resulta noble y virtuoso por nuestra parte dar gracias a todo participante vivo en nuestros experimentos, de palabra u obra según sea apropiado; que los participantes inanimados también son merecedores de agradecimiento, ya sea en los registros de los experimentos o en nuestra consideración del mundo que habitamos; Que todos nuestros hallazgos nos acompañarán en nuestro camino hacia el futuro; que ningún experimento se lleva a cabo para caer en el olvido; que nuestro porvenir se cimenta en todos los experimentos que hemos realizado nosotros y quienes nos precedieron desde que un ser humano aprendió a reproducir el FUEGO; Que si nuestros conocimientos presentes cambian en el futuro, o si algo que hemos demostrado ahora se comprueba falso a posteriori, no quiere decir que nuestro trabajo haya sido en vano; que, en cambio, entendemos que esa evidencia de que estábamos equivocados no podría existir sin nuestro trabajo actual para compararlo, de modo que miramos al pasado con respeto, en vez de con rabia o desprecio; Que no estamos solos; que nunca estamos solos; que en nuestra profunda historia somos tan solo una rama; que somos la rama de un árbol grande e infinito; que nos preparamos para quienes echarán la vista atrás para honrarnos tal como nosotros honramos a quienes han formulado las tesis que ahora nos sirven de base. En aras de la CONCLUSIÓN, esto prometemos: cada año volvemos a partir de cero. En la estación que antaño fuera el invierno, dejamos a un lado nuestros éxitos y nuestras frustraciones. Paramos y descansamos. Juntamos las manos y aprendemos de aquello que nuestros compañeros y antepasados han estudiado, ¡porque todo esto se hace por nosotros! Nuestros hermanos aprenden para poder compartir ese conocimiento, y en esta época de quietud, honramos esa generosidad y la devolvemos por triplicado. Este es nuestro precepto: aprendamos siempre sin perder de vista el pasado ni el futuro. Gloriosa es la mente abierta y dichoso aquel que aprende. Alabemos a quienes estaban aquí antes que nosotros y bendigamos con nuestro trabajo a quienes vendrán después. Perseveramos en el resplandor de nuestra Anomalía, por siempre jamás.