Dogmas de la observación
Nosotros, descendientes de AIÓN, declaramos lo siguiente:
Que tenemos la obligación de observar el universo en toda su gloria; que se nos ha impuesto el sagrado deber de percibir, de corazón y con todos nuestros sentidos, todo aquello que nos rodea y, en especial, este lugar: KEPLER;
Que, mediante dicha observación, que llevamos a cabo permanentemente, llegamos a un punto de entendimiento; que en la verdadera percepción reside la semilla de la comprensión de todo cuanto existe;
Que nuestra máxima prioridad ha de consistir en observar, pues ninguna hipótesis ni estudio puede formularse sin tal observación;
Que comprendemos que somos seres humanos y, como tales, tenemos la eterna tentación de suponer, adivinar y sustituir aquello que no vemos por lo que nos resulta conocido o sencillo de asimilar; que debemos oponernos a ultranza a lo anterior en aras de la VERDAD;
Que nuestra misión, nuestro deber y nuestra causa más profunda consiste en observar la naturaleza del universo con la mayor exactitud posible;
Que resulta aceptable, en nuestra noble causa, crear herramientas que perciban y documenten cualquier fenómeno que nuestros sentidos humanos sean incapaces de captar por sí solos;
Que, puesto que dichas herramientas las creamos nosotros, que somos humanos, debemos cuestionar reiteradamente su claridad y precisión; que, para ello, confiamos en la tradición de CONTRASTAR LOS DATOS A MANOS DE EXPERTOS; que siempre trataremos de ampliar el número de expertos para evitar caer en prejuicios y falsedades;
Y que somos y seremos, hasta el fin de los tiempos, aprendices y no maestros.
En aras de la OBSERVACIÓN, esto prometemos: cada año volvemos a partir de cero. Medimos los años por la órbita de la Tierra alrededor del Sol, en honor de nuestro origen. El primer día nos fijamos en aquello que conocemos y lo analizamos con una mirada renovada. Contemplamos el cielo, el microscopio, la humilde bacteria. Y volvemos a observar, con la inocencia de un niño. ¿Qué hemos dado por sentado? ¿Qué podría ser falso? ¿Qué verdad confirmamos después de todo, con minuciosidad y regocijo?
Este es nuestro precepto: observemos con claridad y alegría y aprendamos de todo. Gloriosas son las estrellas y hermoso, el telescopio. Alabado sea todo aquello que podemos observar y documentar, para nosotros y para los descendientes de nuestros descendientes. Recordemos la primera vez que documentamos la Anomalía y demos gracias.