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Notas sobre la observación

Desde que existimos, los seres humanos hemos observado las estrellas. En los tiempos anteriores a la historia escrita, los relatos se transmitían de boca en boca, de generación en generación. Con la llegada de la escritura se narró la curvatura de la Tierra y la posición del Sol. Los navegantes siempre se han guiado por las estrellas. Nuestros antepasados de AIÓN así lo hicieron. Primero alzaron la vista hacia las estrellas y descubrieron que en su brillo estaba escrito el movimiento de planetas y soles a millones de años de distancia; contemplaron más de cerca los planetas del sistema solar y los cuerpos celestes que rodeaban al Sol y aprendieron lo que era visible y lo que solo podían discernir por las sombras que proyectaban. Luego estudiaron esas sombras y los movimientos de la gravedad, así como las fuerzas que eran ciertas y las que no. Y, por último, comprendieron que había algo inexplicable. Lo denominaron el objeto de Kepler en honor del padre de la astronomía y, aunque desafiaba toda ley conocida, los datos estaban ahí y así se aceptó. En lugar de manipular los datos, los antepasados de AIÓN buscaron una explicación. Sabían qué era lo ESPERADO, y el objeto de Kepler no se ajustaba a ello; pero mientras científicos menos rigurosos lo habrían descartado como un error, los antepasados de AIÓN confiaron en sus instrumentos y en sus sentidos y se preguntaron por qué. Y así fue que, cuando los antepasados de AIÓN, después de transmitir ese misterio a las generaciones futuras, adquirieron por fin la capacidad de contemplar las estrellas, nos aventuramos aquí: a Kepler. Para observarlas de primera mano y comprenderlas. ¿Qué quebranta las leyes que ningún ser humano ha formulado? ¿Cómo se curva el tejido espacio-temporal aquí y únicamente aquí? ¿Qué es la verdad? Las gentes de AIÓN dijeron que la buscarían, y nosotros la encontramos. Por eso vinimos a Kepler y oímos el susurro de la Anomalía. Aquí y ahora, vivimos en el resplandor de nuestra Anomalía porque quienes nos precedieron OBSERVARON, vieron con claridad y buscaron respuestas. Tal como ellos vivieron, así debemos vivir nosotros: esforzándonos siempre por observar la realidad.