Dogmas de la iteración
Nosotros, descendientes de AIÓN, declaramos lo siguiente:
Que perseverar es el más noble y vital de los empeños; que un único resultado y un solo experimento jamás han bastado para demostrar o refutar cosa alguna; que aun cuando nos sintamos conformes, probaremos y debemos probar una vez más, por mera certeza;
Que al probar el mismo experimento repetidas veces, aun cuando creamos que ya sabemos cuáles serán los resultados, obtenemos confirmación, y por ende, paz y conocimiento;
Que por mucho que nos demuestren que nos equivocamos, aun así adquirimos conocimientos sobre la forma del mundo; que cuando un experimento que se ha realizado 99 veces falla a la centésima ocasión, no debemos considerarlo únicamente un valor atípico, sino una nueva verdad u otro cambio del universo que se nos manifiesta en toda su gloria;
Que obstinarnos en evitar el fracaso jamás nos enseñará nada; que por la voluntad de arriesgarnos a equivocarnos y fallar se nos conceden las certezas más claras de todas, aquellas que provienen de haberlas descubierto por nuestros propios esfuerzos;
Que cualquier fallo también se puede reproducir, y debe reproducirse, para garantizar que lo comprendemos, lo identificamos y le damos nombre, y que no buscamos a ciegas con el único objetivo de alcanzar el éxito;
Que, en ocasiones, ocurren accidentes que nuestros propios esfuerzos no pueden reproducir; que identificarlos es una causa igual de noble y por eso los repetimos; que tales accidentes siempre tienen alguna otra motivación que podemos llegar a comprender;
Que reconoceremos la diferencia entre aprender a entender un fracaso y aventurarnos en callejones sin salida que sabemos que nos decepcionarán; que, no obstante, resulta beneficioso comprender la naturaleza de tales callejones sin salida y regresar cuando nos reconciliemos con ellos;
Que las soluciones se construyen poco a poco; que no siempre distinguiremos esa respuesta final acertada y fructífera; que un círculo puede dibujarse con cien líneas rectas y que debemos trazarlas todas para discernir el círculo, pues no tenemos concepto de su existencia con solo la primera.
En aras de la ITERACIÓN, esto prometemos: cada año volvemos a partir de cero. Cuando el día y la noche se equilibran en igual medida, al comienzo de la estación que antaño fuera el otoño, revisamos aquellos experimentos que nos hemos resistido a cambiar. Los retomaremos y daremos el siguiente paso hacia la comprensión, por éxito o fracaso, de la verdad del corazón del universo.
Este es nuestro precepto: avancemos siempre para buscar consuelo en la repetición, aunque también aprendamos del cambio. Gloria a la iteración y bendito sea el trabajo ingrato; ¡démonos gracias a nosotros! Benditos sean quienes persisten ante la adversidad y encuentran el camino de la verdad.